“Los argentinos vamos a estar contentos si para cuando se vayan en 2011 no se han robado la Casa Rosada y la Plaza de Mayo”, dijo el ex corredor de Fórmula 1 y ex gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, en una ácida crítica contra la corrupción reinante en el gobierno argentino que preside Cristina Fernández de Kirchner, sucesora de su marido Néstor Kirchner.
Según analistas políticos, este tipo de críticas evidencian el hartazgo de la población respecto de la gestión gubernativa de Cristina de Kirchner, que en su campaña electoral en 2007 prometió distribuir la riqueza del país y luchar denodadamente contra la corrupción.
El desprestigio del matrimonio presidencial es creciente y la presidenta en vez de convocar al diálogo y a la concordia nacional, se há dedicado a defenderse y a acusar a los medios de comunicación de orquestar un complot informativo en su contra, con el fin de desestabilizar al régimen.
El aumento constante del patrimonio del matrimonio Kirchner (que se ha multiplicado por 7 desde 2003) es una de las cosas que más repudio e indignación han causado entre la población y ha sido decisiva en la caída de popularidad de la gobernante, que se sitúa en un precario 20 por ciento.
La semana pasada se supo que Néstor Kirchner compró US$2 millones en octubre de 2008 para adquirir un hotel en El Calafate, localidad turística de Santa Cruz. Se sospecha que Kirchner se valió de información privilegiada para hacer dicha compraventa de divisas. Asimismo, se acusa a los Kirchner de haber obtenido ilegalmente ganancias en El Calafate por la venta de suelo público recalificado a un precio 10 o 15 veces el de mercado. Por otro lado, los 4 secretarios privados que asisten a Cristina de Kirchner también son investigados por presunto enriquecimiento ilícito (delito que en Guatemala no existe) debido a incrementos patrimoniales comprobados que van de 750 al 11 mil por ciento en 5 años. El Gobierno también tuvo que admitir hace 2 meses, después de negarlo durante más de 2 años, que Guido Alejandro Antonini Wilson, el empresario venezolano-estadounidense que en agosto de 2007 llevó a Argentina un maletín con US$800 mil para financiar presuntamente la campaña de la Presidenta, estuvo en la Casa Rosada. Corrupción y más corrupción, una historia latinoamericana que no acaba.
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