Hablar de “productos orgánicos” está de moda en el primer mundo, tanto así que en Estados Unidos la generación de estos alimentos se ha convertido en el sector de la agricultura de más rápido crecimiento. Y es que hay muy buenas razones para preferirlos sobre los convencionales, primero por su sabor y aporte nutricional, segundo por los innumerables beneficios de salud que conllevan y tercero porque su cultivo no significa daño al medio ambiente.
Pero, ¿a qué se refiere realmente el término orgánico? En el caso de la carne y los productos derivados del ganado vacuno, esto quiere decir que los animales son alimentados exclusivamente de pasto libre de pesticidas y fertilizantes, que no se inyectan con hormonas ni antibióticos y que una vez procesados, los productos no llevan preservantes. “Lo mismo con las aves, estas son criadas en un ambiente natural, sin luz artificial, sin hormonas, y son alimentadas sólo con cereales, harina de soya, maíz y maicillo. Es más, a las aves sólo se les da agua de pozo propio”, comenta Luisa Fernanda Aragón de Productos Naturales y Saludables S. A., PRONATSA, cuyos productos están certificados como orgánicos por la entidad estadounidense USDA Organic y BCS ÖKO de Alemania.
Para que las frutas y verduras sean certificadas con el sello de orgánicas hace falta que la semilla de las mismas no sea transgénica (modificada genéticamente), que la tierra donde son cultivadas esté libre de pesticidas químicos durante al menos tres años previos a la cosecha del momento, y que no se use ningún desecho humano o aguas negras como fertilizantes, y muchos menos hormonas de crecimiento y pesticidas o fertilizantes químicos durante su cultivo. “A menudo la gente se queja del poco sabor que tienen los alimentos convencionales, y eso precisamente se debe a la aplicación de pesticidas y fertilizantes químicos a los cultivos, a la inyección de hormonas a los animales, a que se busca producir en masa. La diferencia de sabor entre un banano orgánico y uno convencional es abismal, por ejemplo”, agrega Aragón.
Una comparación entre los contenidos de minerales y vitaminas en frutas y verduras de 1939 y sus similares de 1991 demostró que los productos actuales aportan un 30 por ciento menos de minerales y vitaminas que los de antes, y esto, debido al desgaste de la tierra donde se cultivan la mayoría de productos. Estudios recientes demuestran además, que los productos orgánicos contienen más de 40 por ciento más de antioxidantes (reducen el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares y cáncer) que los convencionales. “La ingesta de fertilizantes y plaguicidas químicos a través de los alimentos que consumimos se relacionan enfermedades como el cáncer y el Alzheimer, algunos defectos congénitos, la esclerosis múltiple, la anemia, las alergias y muchos otros problemas de salud”, concluye Aragón. Otros estudios actuales afirman que si a un niño autista se le cambia la dieta por medio de la introducción de alimentos orgánicos, su padecimiento mejora considerablemente. Estos alimentos, a la vez, se recomiendan especialmente para quienes tienen cualquier tipo de cáncer, para mujeres embarazadas, y para aquellas que están dando de mamar.
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