Cuando al presidente Álvaro Colom no le quedan ya dos años de gobierno –le quedan a esta fecha un año y once meses, extremo que lo hace aún más meritorio– se unen a su esfuerzo dos mujeres notables. Por un lado, Helen Mack, quien asume como Comisionada para la Reforma Policial, un reto clave para que pueda darse seguridad entre nosotros, al menos, en lo que respecta al componente policial, puesto que hablar de seguridad resulta algo bastante más complejo y que rebasa de los aspectos policiales. Así, por ejemplo, ¡qué cuesta entenderlo!, el rescate económico que finalmente se ha emprendido de la Guatemala profunda, que no vemos –aquella que sería incapaz de levantarse por sí misma– habrá de redundar, en la seguridad posible, edificada esta sobre ciertos mínimos que puedan sustentarla.
La otra mujer es Rigoberta Menchú Tum, premio Nobel de la Paz, y quien asume –en el Ministerio de Educación Pública– como Asesora del Programa de Educación para la Paz, educación que, al final de cuentas, lo abarca todo y que bien podría llamarse, de educación para vivir.
Cabe recordar, pensando en la doctora Menchú, que cuando al presidente Barack Obama se le concediera el premio Nobel de la Paz, hubo muchas críticas por parte de todos aquellos que consideraban que no lo merecía, señalando estos que su gestión no había superado aún, las pruebas suficientes; voces parecidas a las que se alzaron en el caso de Rigoberta Menchú, con el agravante que, en el caso de esta, se la veía vinculada –¡premio Nobel de la Paz!– con una de las partes del conflicto.
El premio Nobel habría sido dado –a uno y otra– no como un reconocimiento por lo ya realizado sino, antes bien, pensando en el futuro. El presidente Obama lo comprendió de inmediato: e trataba de un premio que más que premiar su pasado, premiaba –¡vaya compromiso!– lo que habría de venir, y la doctora Menchú, por su parte, lo ha ido comprendiendo.
El asesinato de Myrna Mack y la deleznable impunidad de ese crimen fue lo que llevó a Helen, su hermana, a una lucha que –sin una tragedia semejante–, jamás se hubiera impuesto, una lucha que habría de comprometerla para siempre. Y fue el dolor, también, lo que llevó a Rigoberta Menchú –“Así le nació la conciencia”– a la recia lucha que emprendiera.
Una y otra han participado ya en múltiples actividades estatales –Helen Mack omnipresente en el “Consejo de Seguridad Nacional”– y Rigoberta Menchú, en la política exterior que se relacionaba con la paz.
Hoy, sin embargo, ambas tienen, ante sí –bajo su plena responsabilidad, ya visible– dos de los retos más importantes del Estado, hacer de la Policía un factor de seguridad –¡Mayúscula tarea!– y enseñarnos a vivir en paz –en resumidas cuentas–, enseñarnos a vivir ¡a secas, la educación, pues, en sus manos.
Alcanzar la excelencia policial y la excelencia educativa, son las metas y estas dos mujeres –notables las dos, cada una en lo suyo– han aceptado el reto en que ponen en juego su prestigio.
Deseo para ambas, desde ya, el mejor de los éxitos y ¡claro está! la prevención resulta válida, ya haré, en su momento, la oportuna evaluación de resultados.
No es lo mismo ¡no deben olvidarlo! ser Antígona, que Creon…
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
5 comentarios: