Cuando nos enfermamos y deseamos sanar, encontramos en la propia enfermedad los remedios. Para ello debemos atender y escuchar nuestros síntomas y así curar de raíz los desequilibrios de nuestro organismo.
El mundo globalizado nos hace creer, muchas veces equivocadamente, que para todo hay soluciones rápidas, aunque sólo desaparezcan los síntomas. Esta regla no siempre se aplica a las enfermedades profundas y menos a las dolencias sociales.
Un gerente quería saber cómo lograr que sus directivos y colaboradores pudieran trabajar como equipo, identificando problemas, buscando información y aplicando soluciones, en beneficio de todos y de la misma empresa. En otra ocasión, una profesional de la sociología me cuestionaba sobre cómo superar desde la educación los límites de la discriminación.
En las dos situaciones mi respuesta fue parecida: los guatemaltecos sufrimos dolencias sociales que nos dificultan superar estas necesidades y para asegurar el desarrollo social y económico, si realmente deseamos progresar, es prioritario sanar de raíz esas dolencias.
Entre estas dolencias están: el miedo, que nos lleva a desconfiar unos de otros y de nosotros mismos; el silencio, que nos aleja del conocimiento, de las personas y de la verdad; la ignorancia, que es consecuencia de lo anterior y la falta de motivación por conocer y saber más; y finalmente la suma del miedo, el silencio y la ignorancia nos lleva a la discriminación.
A través de la experiencia he aprendido que detrás de un acontecimiento generalmente hay más de una causa. Estas dolencias sociales son parte de un legado que viene desde los procesos crueles y violentos de la conquista, pasando por la colonización, las dictaduras, el neocolonialismo, la guerra interna. Tanto va el cántaro a la fuente…, que finalmente su estructura molecular se satura, se empapa, se mantiene húmedo y fácilmente quebradizo.
Si queremos sanar de raíz y alcanzar las competencias sociales que el desarrollo responsable y sostenido requieren, es urgente hacer cambios en nuestra cultura y en nuestra sociedad. Esto requiere, dedicar con fe en la persona y en nuestro país, el tiempo y los recursos necesarios para establecer procesos educativos que sanen el miedo, el silencio, la ignorancia y la discriminación, lo que se traduce en educar a todos los guatemaltecos para el afecto, para el diálogo, para la participación, motivando el interés por la lectura y el saber más.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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