Unir centros de estudios tecnológicos con mentes emprendedoras y capital para inversiones podría originar un pequeño Valle del Silicio guatemalteco.
CuatroGrados Norte no es un valle. Son más bien un conjunto de pequeñas colinas, casi montículos, que de área residencial en el siglo pasado sufrieron una primera mutación hacia distrito más o menos cultural y de diversión; y luego a parranda pura y dura. Demasiado dura quizás. El área de pequeños restaurantes, librerías, museos, espectáculos y calles peatonales, como fue concebida a finales de los noventa, está en decadencia o, como dice el rótulo en L’Ostería, uno de sus restaurantes originales: “Está dándole lugar al cambio”.
Eso podría estar por cambiar. En la siguiente esquina del restaurante en cuestión, se terminan de dar los últimos toques a un edificio de ladrillo de siete pisos que albergará la semilla de una visión revolucionaría para el sector: el Campus Tecnológico I. Silicon Valley
“Tal vez el hilo más fuerte que corre a través del pasado y presente del valle son las ganas de jugar con tecnología novedosa, lo que apoyado en ingeniería y una administración astuta ha creado la central eléctrica industrial que vemos hoy en el valle”. TJ. Sturgeon, Massachusetts Institute of Technology.
Esta definición sobre las razones de existir del Valle del Silicio, en San Francisco, California coincide con la visión del impulsor del Campus Tecnológico I, Juan Mini.
“Viví diez años en Silicon, Valley”, menciona. Estudió, trabajó y aprendió cómo funciona y sobre el éxito de este enclave tecnológico-empresarial norteamericano. Al retornar se encuentra con un movimiento naciente de empresas de tecnología, pero que estaban “regadas por toda la ciudad”. Empresarios jóvenes, con cierto éxito algunos, pero que “no se conocen entre ellos”. El talento estaba desperdigado.
En California, uno de los ingredientes del éxito ha sido la “unión de muchas empresas de tecnología”, que se encuentran cerca de centros educativos de alto nivel, con “ingenieros y científicos altamente entrenados”, más capital de riesgo para invertir en nuevas ideas.
La semana pasada un periódico de la Bahía de San Francisco hablaba de cómo la economía del Valle del Silicio atravesaba problemas. Emigraciones del capital de riesgo y de talentos extranjeros, aunados a la crisis educativa en California, están poniéndolo en peligro.
Ninguna de estas preocupaciones deberá tener, por el momento, esta iniciativa guatemalteca de replicar la fórmula. Su primera fase, cuyo edificio se termina este mes será el Campus Tecnológico I una sede de “compañías de software” que podrían comenzar a funcionar en abril.
Según Carlos Paredes, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle de Guatemala, el país “debe de entrar de lleno a la tecnología. Hay mucha demanda de técnicos de software”.
Para Mini, el decaimiento del sector de Cuatro Grados Norte no es obstáculo para esta nueva visión: “Es el lugar ideal, los programadores son diseñadores de productos web. Cuatro grados norte es un área ideal para desarrollar la creatividad”.
Según Víctor Alfredo Robles, desarrollador de páginas web y creativo publicitario, esta nueva visión puede dar lugar a un “renacimiento” en el país. Habrá “cerebros frescos de estudiantes intercambiando ideas junto a expertos”. Además de ser un semillero para las empresas, puede empezar por “pura informática”, pero va a evolucionar. Esa es la idea.
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