Se creía que todo estaba superado hasta que recientemente en Centroamérica sucedieron dos golpes de estado: uno en la hermana república de Honduras, que a la larga fue necesario, y otro en Guatemala. El golpe que se dio en Guatemala podríamos decir, hasta cierto punto, que fue muy fino y sofisticado. La comunidad internacional disimuladamente y haciéndose de la vista gorda, lo avaló, pues no hubo ninguna reacción en contra. Todos los guatemaltecos lo vimos muy normal. De la noche a la mañana la esposa del Presidente electo tomó las riendas del Gobierno, pues de todos es sabido que la mayoría de las decisiones las toma ella. El Presidente, que se supone fue electo democráticamente, pasó a ser una especie de príncipe consorte. Todos los guatemaltecos, que nos caracterizamos por ser demasiado negligentes, no dijimos ni pío. Como buenos ciudadanos, agachamos la cabeza y continuamos tranquilos. Ahora la señora, que está saboreando las mieles del poder, pretende ser candidata a la presidencia para continuar gobernando. Ya alguien dijo que los guatemaltecos estamos como estamos porque somos como somos.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
6 comentarios: