Un pequeño letrero con la leyenda “se hacen boquitas” fue el inicio de una empresa que ha formado parte de las celebraciones por más de 50 años.
Consuelo nació en Chimaltenango el 15 de julio de 1929, en el seno de una familia de campo. A temprana edad queda huérfana junto con sus cuatro hermanos mayores, quienes deciden emigrar a la capital e inscribirla en el internado Matías de Córdoba. “Los domingos nos íbamos a la matinal y pasábamos las vacaciones juntas porque nadie nos llegaba a visitar”, recuerda Baiza.
En 1953, se casó con el contador José René Rodríguez de cuya unión nacieron José Erick René y Aldo Germán Rodríguez Motta.
Al terminar la primaria se inscribe en magisterio, pero no se gradúa, su inclinación por la cocina fue el motivo. Una mesa en el garaje, un letrero y sus propias recetas fueron los ingredientes para echar a andar el negocio. “Cony sabía que para las fiestas iba a ser útil tener comida típica tamaño boquita”, explica Baiza.
Recibió de herencia una casa en la zona 4 la cual vendió para comprar el terreno de la 3a. avenida y 3a. calle de la zona 1, donde asentó definitivamente a ‘Las mil boquitas’. “Nosotros nos criamos en la cocina”, cuenta con humor su hijo el doctor Erick Rodríguez. “A la par del local estaba nuestra casa. Era más fácil para ella que estuviera todo cerca para poder cuidarnos y trabajar al mismo tiempo”. En 1961 se divorció y años después contrae segundas nupcias con Miguel Ángel Linares, nacen sus hijos menores Miguel Ángel y Julio Alexis Linares Motta.
“Para las fiestas siempre pedíamos boquitas a doña Cony. En aquella época, eran los únicos que daban ese servicio”, afirma Ana Braham, una clienta de muchos años.
‘Las mil boquitas’ no es el primer negocio de esta especialidad, pero sí uno de los más antiguos y por mucho años el único. Los chuchitos, rellenitos y chiles rellenos fueron los primeros bocadillos que salieron a la venta, describe su nuera Noemí Muñiz. “Mi abuelita compraba allí sus boquitas para las fiestas. Le gustaba porque el trabajo era hecho con mucha dedicación y perfección”, relata Melania de Brol, su nieta.
Los pedidos llegaban del Palacio Nacional, empresas o celebraciones familiares. Noviembre y diciembre eran los meses de más movimiento en la cocina de doña Cony, hasta 35 personas cocinando para atender los pedidos de los convivios de fin de año. El encargo más grande que a la fecha han atendido fue un pedido de la Municipalidad capitalina para un Año Nuevo, 75 mil boquitas.
El negocio creció entre referencias personales y anuncios en la radio. En la época en que la televisión era en blanco y negro, se le pudo observar explicando sus recetas en el programa de Gaspar Pumarejo, afirma con orgullo Rodríguez. Llegó a tener tanto éxito que incluso tuvo algunos pedidos para el extranjero, agrega. Durante los años posteriores a la apertura del negocio, Consuelo se empeñó en hacerlo crecer inclusive a costa del tiempo que le dedicaba a su familia. “No había tiempo para hacer muchas cosas familiares, nos enfocábamos en trabajar”, describe Rodríguez. Mi mamá amanecía trabajando, agrega. “Doña Cony siempre estaba pendiente de todo. En una ocasión, cuando estaba revisando el pedido se dio cuenta de que las boquitas no estaban hechas como a ella le gustaban. Les llamó la atención a las empleadas e hizo que las quitaran de las cajas. Todos tuvimos que ayudar para que lo pudiéramos entregar a tiempo”, comenta entre risas Muñiz. “Era muy rígida porque le gustaban las cosas bien hechas”, explica Baiza. “Nos decía a cada una lo que teníamos qué hacer y cómo hacerlo. Se hacía como ella decía”, comenta su empleada Carmela Andrade.
En 1999 deja a cargo del negocio a su hijo Julio Linares, fallece el 11 de febrero del 2003, lo sucede su hermano Aldo Rodríguez. Miguel Linares fue el último de los hijos en tomar la riendas de la empresa hasta el 7 de febrero del 2005 cuando muere. Desde entonces y a la fecha queda a cargo su esposa Noemí Vásquez.
Su corazón dejó de latir el pasado siete de febrero. Sus últimos días los vivió en Concepción Las Minas, Chiquimula, con su familia.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
16 comentarios: