No cabe duda que Sandra Torres tiene su arrastre. ¿Se deberá a su lenguaje tan de barriada, que la enlaza tan fácilmente con el pueblo?, ¿serán sus ojos color verde Atitlán, capaces de inmovilizar a quien osa llevarle la contraria?, ¿será, tal vez, su peinado, tan rígido como su forma de entender la lealtad y la eficiencia?, ¿o será la creencia popular que sin ella la columna vertebral del gobierno de Álvaro Colom, este régimen ya se habría ido por la borda?
Independientemente de la opción por la que usted se incline, la señora Torres es tan popular en el área metropolitana de Guatemala como en las cabeceras y en el resto del país. Según la encuesta de CID Gallup comisionada por el Gobierno, en la capital quienes tienen una opinión favorable de ella constituyen el 52.1 por ciento. En las cabeceras departamentales su popularidad asciende a 52.2 y alcanza 58.3 en el resto del país, en cuenta el área rural. A doña Sandra quienes más la quieren son los jóvenes entre 18 y 24 años y la gente que apenas tiene educación primaria. No se necesita ser un experto para saber que ahí se concentra el grupo receptor de transferencias condicionadas: madres y padres jóvenes de escasos recursos, felices ellos y ellas de tener un poco de dinero a cambio de que vacunen, alimenten y eduquen a sus hijos. En términos demográficos, el grupo entre 18 y 24 años es uno de los más grandes en la pirámide poblacional, superado solamente por los menores de edad. Buen principio para la candidatura presidencial de La doña, lo único es que ese es precisamente el segmento que menos vota.
¿Es suficiente esto para alcanzar la Presidencia? Al parecer, no. Si las elecciones fueran hoy, la señora Torres sería derrotada por Otto Pérez Molina. El problema que tiene La doña hoy es que, a pesar de toda la exposición pública que ha tenido, no ha podido reforzar características de su personalidad política que pesan mucho en el ánimo de los votantes. En los únicos aspectos que La doña tiene algún nivel de solidez es en su preocupación por los pobres de este país y, un poco menos, que la gente cree que ella tiene buenas intenciones En estos 2 indicadores hay una opinión intensa que ronda el 20 por ciento.
Pero esto no basta. Los asesores políticos de doña Sandra deberán trabajar más para proyectar otras virtudes que inciden sobre los votantes. Por ejemplo, la señora puntea muy bajo en confiabilidad y en cercanía a la gente. Desgraciadamente, la encuesta no da muchos datos para valorar otros aspectos de su imagen pública. Es una lástima que quienes la encargaron no hayan pedido medir, por ejemplo, percepciones acerca de la honradez, capacidad de trabajo, aptitudes como administradora/planificadora/líder. Supongo que corregirán esta carencia a medida que se acerque la fecha de su proclamación como candidata presidencial.
Post scríptum: la opinión sobre la autonomía de Álvaro Colom está dividida en mitades. Una mitad dice que nadie le manda, en tanto que otra dice que sí, que el Presidente recibe órdenes de alguien más. Adivinen quién es ese alguien que acumula el mayor número de menciones: Sandra Torres, con el 51.4 por ciento.
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