Mañana arranca la X edición del Festival Internacional de Jazz con grupos de varios países y ofertas estilísticas.
Jazz latino, fusión, bebop y free jazz es lo que reinará en la décima edición del Festival Internacional de Jazz. En esta oportunidad la jornada, que se inicia mañana martes 2, en el teatro Dick Smith del IGA, abarcará más de 10 conciertos (sin contar los que se realizarán en Quetzaltenango, La Antigua y Cobán). De nuevo, 5 países amigos se unen, para ofrecer lo representativo y actual de su región en torno al género.
El martes 2, abrirá el trío del destacado pianista norteamericano Joel Larue Smith. Su trabajo que abraza igual al bebop como al jazz latino, sin obviar la música clásica, se adentra con pasión pero también con sorpresa en un mundo sin fronteras. Este, también arreglista y compositor, asegura que en el jazz, “la tradición es vieja, pero la música es nueva”. Su repertorio abarca 4 álbumes. Le continúa el miércoles 3, el cuarteto Kaulakau, de España. El grupo amalgama el folclor, la música clásica, el jazz, el rock y lo experimental a base de ideas sonoras y otras tímbricas, como la que deviene de una zanfona o una tenora. Es decir, una instrumentación poco habitual en el género. La revista ‘Discmendi ‘define así trabajo: “Su música no es ni folk ni jazz, es: folk-jazz”.
El jazz latino concluye la primera semana, el jueves 4. Esta vez de la mano del estupendo trombonista tico, radicado en California, EE.UU., Luis Bonilla. Su quinteto es de lo más recomendado del festival, dadas las sendas cartas de presentación que muestra este músico y académico, que ha tocado con McCoy Tyner, Dizzy Gillespie, Freddie Hubbard, Astrud Gilberto y Willie Colon. Todo ello, le garantiza un eficiente desempeño en los más variados estilos, incluyendo disonancias, free jazz y ritmos africanos.
El lunes 8, se presenta Chapines Blues Band, compuesto por Werner García en la guitarra y voz; Edgar Bran en el bajo; y Carlos Herrera en la batería. El martes 9, se escuchará el blues y folclore del guitarrista y cantante norteamericano Steve James, quien además de la guitarra acústica, toca la mandolina, el banjo y recurre al ‘slide guitar’, típico del blues. El miércoles 10, le toca el turno a Francia. Esta vez se escogió el piano vanguardista de Bojan Z y al saxofonista Julian Lourau, que en formato de dúo seguro se distanciarán de lo hecho con el trío Bozilo, donde abunda lo caribeño, lo mediterráneo y la fusión para adentrarse a una mayor experimentación. Ambos son músicos intensos de gran recorrido jazzístico, sobre todo Bojan, que ha tocado con Nguyen Le, considerado el ‘Jimi Hendrix del jazz’. Mientras que Lourau es sospechosamente influenciado por ‘Gato’ Barbieri y Fela Kuti.
El jueves 11, le toca el turno al jazz fusion, esta vez con el destacado compositor y bajista norteamericano, Ric Fierabracci, que como acto amistoso tocará con los guatemaltecos, el batería Fernando Martín y el tecladista Donald López. Fierabracci, egresado de la Universidad de Miami, es hacedor de piezas contemporáneas, frescas, donde igual comulga el jazz con el funk, y la fusión con el rock, dentro de cierta complejidad y actitud. Ha grabado con Chick Corea e igual con Shakira y Yanni. El viernes 12, en cambio, participará el dueto mexicano del saxofonista Alain Derbez y el guitarrista Francisco Aragón, esta vez con su concierto “Suave es el Jazz”. Derbez, además de músico es animador de radio y escritor. Ha publicado varios libros y discos. Su jazz en clave tradicional, toma del rock, del pop y del avant garde.
En su última semana, el festival programó al trío del pianista Roberto Negro. Tres músicos interactúan en forma permanente para sorprender, con una música que traslada imágenes e igual humor, influida por la música clásica. Jerome Arrighi (bajo) y Adrien Chennebault (batería) son los cómplices de esta aventura. Y el último concierto en el IGA, será del cuarteto de Rodrigo Lessa, integrado por Lessa en la bandolina; José Carlos Bigona al saxofón y flauta; Carlinhos Sete Cordas a la guitarra; y Celsinho Silva, pandeiro. Este grupo pisa los terrenos del folclor brasileño, enfatizando el choro, música alegre que deja a veces sin respiro.
Así este festival celebrará sus diez años de vida, debido a la tenaz labor y apertura del IGA.
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