"Si una mentira se repite suficientemente acaba por convertirse en verdad”.
Simular es aparentar lo que no es, con la finalidad de que se tenga por cierto lo falso; es fingir o dar a entender lo que no es cierto. De suerte que la simulación es la alteración de la verdad, ya que su objeto es engañar acerca de la auténtica realidad de un acto, aparentar algo inexistente.
La simulación es hermana gemela de la manipulación, porque el que manipula, según Alfonso López Quintás, busca el dominio a través del engaño.
En nuestros países, las poblaciones son muy propensas a ser víctimas de quienes simulan y manipulan, debido a que, en su seno, el amor a la verdad no es suficientemente intenso y se tolera la mentira con facilidad e impunidad, sin percatarse que la práctica de la mentira enferma y envilece el espíritu nacional y genera desconfianza, aislamiento y desinterés.
No sorprende, entonces, que constantemente los gobernantes, cual ilusionistas, induzcan a la gente a creer o tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes o fingidas.
Desde luego que la simulación y la manipulación suponen el engaño, el resultado siempre es el fraude, que en lo político se traduce en una clara defraudación de la confianza depositada en los electos o nombrados para el ejercicio de cargos públicos.
La manipulación alcanza su máxima expresión con la famosa frase atribuida a Joseph Goebbels, ministro de propaganda del gobierno nazi de Adolfo Hitler: “Si una mentira se repite suficientemente acaba por convertirse en verdad”. Sin duda, a esto apuestan los “aprendices de dictador” que, a través de campañas negras financiadas con recursos públicos, buscan intimidar, descalificar o denigrar a críticos, opositores y disidentes.
El disimulo, o sea, el astuto encubrimiento de lo hecho o lo intentado, la ocultación o tolerancia del mal, la apariencia de desconocimiento, la dispensa de un crimen con el propósito de que no trascienda, para que el responsable no sea removido del puesto, o peor aún, para que no sea juzgado ni sancionado conforme la ley, también es una práctica común en nuestro medio.
El engaño y el encubrimiento van de la mano con el cinismo, que es la desvergüenza en defender o practicar lo indigno, lo obsceno y lo infame.
En mi opinión, solamente podrá combatirse con eficacia la simulación, la manipulación, el disimulo y el cinismo en lo político, si se trabaja en pos de la transparencia en la gestión pública, que se manifiesta a través de la publicidad, del acceso a la información y de la rendición de cuentas, y se inculca a los ciudadanos y futuros ciudadanos, el amor incondicional a la verdad.
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