Pese a sus credenciales pedagógicas, el ahora despedido Argueta, demostró que en el andamio de la política, se necesita más que el conocimiento técnico, para mantenerse a flote. Artes y aptitudes en las cuales el señor Argueta demostró ser un bisoño. Cuestiones personales al margen, su despedida de la burocracia, sienta cátedra y es un indicador para medir la gestión pública, evidenciando la recurrente ausencia de políticas de Estado. Así por ejemplo lejos de la rectoría educativa “el ex” dedicó su tiempo y esfuerzo, a administrar y argumentar, sobre un programa irregular del Gobierno, “metido” en la esfera del Ministerio de Educación con propósitos escasamente justificados y cuyos réditos políticos empiezan a revertirse a sus creadores.
Si bien las transferencias condicionadas, –en un país famélico y sin futuro previsible– son una absoluta necesidad. Otra cosa es la forma cómo en Guatemala esto se implementa y administra. Lo que está en el fondo es un Estado institucionalmente desorganizado, manipulable con los más diversos fines, desde la corruptela, hasta el clientelismo político. De esa cuenta en lugar de formular e institucionalizar políticas sociales, existe la pretensión creciente y permanente de sofocar las demandas populares con programas asistenciales. Esto viene desde la creación de los llamados Fondos Sociales –FIS, Fonapaz, Fodigua, Foguavi– podríamos llenar la pagina con siglas. Hasta llegar a los de última generación: Transferencias Condicionadas.
Diversos balances sobre la efectividad de estos programas, creados al margen de la institucionalidad regular. Han dejado en evidencia, que han alimentado la corrupción, debilitado la institucionalidad regular y su impacto, ha sido prácticamente nulo, si se compara con la cantidad de recursos invertidos. Este uso de mecanismos –no regulares–, para el impulso de programas sociales, ha estado “justificado” con la disfunción del aparato del Estado, y su proceso de “adelgazamiento”, impulsado en los ochenta por la Banca Internacional.
La segunda lección, que nos deja el affaire, es el papel clave del parlamento en la vida democrática, –ninguna novedad desde la teoría–. Sin embargo, ahora de la mano de la diputada Nineth Montenegro, se transformó en práctica y conocimiento popular. Reivindica el parlamento y la política. Queda claro: si los diputados abandonan el “manoseo” político y trabajan otra realidad será la nuestra.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
11 comentarios: