Para que una amistad funcione debe existir un vínculo, un común denominador, confianza, apoyo incondicional, tiempo para compartir y un espíritu perdonador. En las grandes ciudades del mundo se conocen grupos de personas que se reúnen a través de un común denominador, un vínculo que las identifica y en donde encuentran conocidos, vecinos, parientes, amigos, raza, su fe, su misión. El común denominador, por ejemplo, en una familia son los padres y alrededor de ellos se reúnen los hijos. En muchas familias cuando mueren los papás el núcleo familiar se desintegra.
Usted podría preguntarse ¿cómo puedo mejorar mi relación con mi cónyuge?, ¿qué hay como común denominador entre ella y yo que podamos aprovechar, para mejorar nuestra relación?, ¿cómo puede usted mejorar la relación con sus hijos?, ¿cómo puede usted mejorar la relación con su jefe y con sus compañeros de trabajo?, ¿qué común denominador hay entre usted y su jefe? Para no estar siempre tensos, para no estar siempre a la distancia sino estar en una buena relación, busque algo en común.
Si queremos tener amigos tenemos que aprender a guardar las cosas que nos cuentan, guardar confidencialmente lo que le dijeron, porque la confianza es la esperanza firme o seguridad que se tiene cuando una persona va a actuar o una cosa va a funcionar. Un amigo es aquel con quien se puede pensar en voz alta. Tenemos que entender que la amistad no puede funcionar si no existe confianza.
¿Qué se puede hacer para construir confianza en su relación? Cumpla lo que promete. Porque cuando se expresa la voluntad de dar lo ofrecido, se está conquistando ese universo amplio de la credibilidad personal, de la certeza de una persona de palabra, está expresando su valor moral de decir la verdad, porque la promesa no cumplida es una mentira que nos impide construir relaciones.
Esos vínculos confiables son los que están ausentes en la sociedad y nos están llevando a poblar un mundo lleno de incertidumbre y falto de una esperanza firme que nos permita creer. Porque, inclusive, en el hogar la relación padres e hijos se extravía en el laberinto de la incomprensión, falta de unidad y enseñanza de valores. Se están creando los bancos de rencor, venganza, odio, se están sembrando grandes males. Las instituciones donde debe mantenerse la credibilidad sustentada en principios, se debilitan en la falta de credibilidad y ejemplos positivos.
El colapso de las amistades se da como consecuencia de incumplimiento a una promesa, por la debilidad en la que está sustentada y por la revelación que se da de aquello que se ha confiado en la intimidad. El chisme es uno de los grandes males que perjudican ese afecto que muchas veces alcanza niveles de hermandad y por esa travesura de la lengua y de la actitud de hablar impensadamente se desploma. A ello también debemos añadir la falta de perdón que termina por socavar esos lazos de unión entre amigos, entre esposos, entre familiares.
Como gente de palabra tenemos que tener valores para fortalecer la amistad con alguna persona, de vigorizar la relación con el cónyuge, por un lado expresar voluntariamente lo que queremos y cuando prometemos cumplir con sinceridad, para que funcione nuestra amistad con alguna o varias personas. Y cuando se produzca un sismo por alguna razón sin razón, que exista el perdón, la comprensión, la confianza. No imponga su criterio, oriente a su amigo cuando esté equivocado, ofrézcale su hombro cuando quiera llorar, dele su brazo para sostenerlo cuando esté debilitado y ayúdelo a levantarse. Dele un apretón de manos, un abrazo cuando triunfa y usted comparta su alegría y no sienta envidia por los logros de otra persona.
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