Hacerse de dinero es la meta, pues no habrá otra oportunidad.
Uncandidato a Presidente no tiene un perfil que llenar, gana las elecciones porque invierte más dinero, dice más mentiras que el pueblo quiere oír o grita más recio.
Los votantes, personas sin preparación, encuentran en las mentiras alguna esperanza y dan su voto. El pueblo celebra el triunfo de su candidato.
El Presidente recién llegado, sin ninguna experiencia, ni conocimientos adecuados, se ve al frente de una complejísima entidad. Tiene que actuar. El pueblo esperanzado, expectante, observa. Para comenzar, tiene compromisos con los que le financiaron o ayudaron en campaña, tiene amigos y parientes, hay que remunerarlos con una posición en el Gobierno u otorgándoles contratos viciados. El Presidente nombra ministros, viceministros, directores, subdirectores, jefes, embajadores, empleados menores y como si fuera poco, también nombra funcionarios de muchas entidades ajenas al Organismo Ejecutivo. El pueblo comienza a desencantarse. Pasado el encandilamiento, se hacen presentes los eternos problemas: salud, pobreza, inseguridad, impunidad, educación, delincuencia, infraestructura, finanzas y mil más.
Un Presidente, aunque tenga buena intención, no tiene ni siquiera el tiempo para enterarse de todos los problemas y menos aún para dar soluciones. Nadie tiene la capacidad para dar solución a tantos problemas, tan complejos y diversos.
En campaña criticó al Gobierno anterior, debe hacer los “cambios y reorganización” ofrecidos, aún truncando proyectos que funcionan bien. Para hacer los cambios y demás actuaciones, necesita apoyo del Congreso. Aquí vienen los tratos con diputados: plazas, obras y algo más, a cambio de votos. Los congresistas se suman a los beneficiados.
Para contratar y gastar, sin ningún control, se recurre a declarar los gastos de urgencia, hacerlos por medio de ONG o fideicomisos, con esto se inicia la corrupción, el enriquecimiento, el despilfarro. Si se emprende alguna acción legal contra el Presidente o compañeros, esta no prospera porque hay favores que corresponder. En el mejor de los casos hacen la pantomima, lo detienen y al día siguiente está libre.
El pueblo está absolutamente frustrado. La popularidad del Presidente ha caído a bajísimos niveles.
En vista que la permanencia de los funcionarios es limitada, su meta ya no es el bienestar del país, si alguna vez lo fue, ha cambiado, ahora es: hacerse de dinero, pues no habrá otra oportunidad.
Cuando han pasado tres años, a esa meta se agrega otra muy imperiosa: ganar las elecciones. El cuarto año ya no se trabaja, se hace campaña.
El pueblo, desengañado, impotente, agobiado, ve otra vez cumplido el nefasto ciclo de cuatro años.
Cómo pretender que el Gobierno funcione bien, si le entregamos un poder inmenso a una sola persona.
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