Ella y otra joven fueron las primeras mujeres inscritas en el Instituto Nacional para Varones, debía hacerse bachiller para ingresar a la Universidad. Se graduó y estudió algunos años Pedagogía, pero la verdadera vocación de Elena Paz y Paz fue el arte.
La vida de Elena Paz y Paz estuvo ligada a la política y al exilio desde temprana edad. Su padre el abogado Alberto Paz y Paz fue perseguido durante la dictadura de Jorge Ubico teniendo que refugiarse él y su familia en Costa Rica. A su regreso en 1945 Paz y Paz formó parte de la Asamblea Nacional Constituyente del gobierno de Juan José Arévalo Bermejo.
Por aquellos años Elena se graduó de Maestra de Educación Primaria en el Instituto Normal para Señoritas Belén, el título entonces no le permitía el ingreso a la Universidad. Debía ser bachiller, una carrera impartida en el Instituto Nacional para Varones. “En ese momento el director del establecimiento era Roberto Sosa Silva, les permitió a Elena y a Beatriz Aguilar, ingresar haciéndoles una salvedad: “Seguramente los muchachos las van a molestar”. Ambas insistieron y lo autorizó”, comenta su esposo Juan José Hurtado.
Al mismo tiempo ingresó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas donde aprendió técnicas de dibujo, sin embargo su vida artística se desarrolló con el esmaltado, cobre con pintura en polvo y otros materiales fundidos al calor. Aprendió la técnica con el chileno Eduardo Gaya. “Cuando mi hermana (Leonor) le preguntaba sobre los tiempos ha utilizar para el esmaltado, mi mamá le respondía que cantaba una canción, no recuerdo el nombre, y al terminarla sacaba la pintura del horno”, recuerda Elena Hurtado, su hija mayor.
Respecto de su obra, la artista Irma de Luján se expresa: “es la feliz fusión de tres conceptos: la fantasía poética, la imaginación visual y el cálido amor por su tierra”. También experimentó con la escultura en distintos materiales, batiks, acuarela, vitrales, cerámica y pirograbado entre otras. En 1950 contrajo matrimonio con su compañero de vida Juan José Hurtado. “Pasaron cinco intentos frustrados de pedir la mano de mi madre antes de que por fin mi padre se decidiera a hablar con su futuro suegro”, comenta entre risas Elena hija. En la Universidad de San Carlos estudió Pedagogía, pero la maternidad pospuso sus estudios. Del matrimonio nacieron Elena, Leonor, Laura, Álvaro, Margarita y Juan José. Sus estudios concluyeron en 1967.
Sus obras se encuentran exhibidas en distintas casas particulares, así como en la maternidad del Hospital Roosevelt en donde colocaron un esmalte y un busto del músico sanjuanero Belarmino Molina en el parque central de San Juan Sacatepéquez hasta que fue destruido por el terremoto de 1976. El cardenal Rodolfo Quezada Toruño obsequió al Papa Juan Pablo II un esmalte de Elena que se encuentra en el Vaticano. Expuso su obra en galerías como el Túnel, Forum, Ana Lucía Gómez entre otras, y exposiciones internacionales como Ninth Annual Lawrence Art Festival en Kansas, Estados Unidos, donde también trabajó como maestra en 1983.
Un año antes su vida dio un giro inesperado cuando a su esposo lo detuvo el Ejército, públicamente se dijo que su condición de “comunista” fue la razón de su captura. Elena debió mover a todos sus contactos, organizaciones y amigos para poder ubicarlo. Finalmente se hizo acompañar de un camarógrafo al hospital de la Policía Nacional para dejar constancia de la ubicación de su esposo. Al ser liberado partieron hacia Estados Unidos donde vivieron varios años en los que Elena no descuidó su obra y expuso en distintas galerías de Kansas.
En sus últimos años publicó el libro Ya no tengo palabras, del cual José Barnoya dijo “claro que tienes palabras Elena, que más palabras que las que encierran todas tus nítidas y diáfanas obras de arte”. En 2009 la galería Ana Lucía Gómez Arte Latinoamericano expuso una retrospectiva de sus más de 50 años de obra artística. El infarto que sufrió en 2008 y el debilitamiento por la reciente muerte de su hija Margarita complicaron su salud. Elena siempre dijo que con vivir 80 años le bastaba y así fue, falleció el 18 de febrero un día después de su cumpleaños 80. “Cada obra suya es un diálogo con el espectador, cada color es un estudio fundamental de su actitud”, escribió Irma de Luján.
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