El honorable abogado de aquel banco que no ha hecho otra cosa que autorizar –incluso en serie– las escrituras de créditos bancarios, es sumamente honorable y, la verdad de las cosas ¿por qué no habría de serlo? Jamás se supo que hubiese hecho algo indebido en ese menester ¡hubiera sido el colmo! pero, la verdad de las cosas, es que no podríamos saber si es honorable, o no, sino en situaciones adversas, situaciones estas en que se mide la verdadera honorabilidad de las personas.
¿Será honorable el mojigato que jamás hubo de enfrentarse ante lo adverso? Talvez sí, y talvez, no: véasele en una situación difícil y será –entonces– cuando podamos saber si es honorable.
Quien jamás ha estado en una situación de poder–“humildito”– podría comportarse en forma muy distinta, si lo tiene.
¡Cuántos hay que no aguantan ni una sola, para que pierdan el barniz!
¿Qué mala reputación podría tener aquel, que a nada se ha atrevido? ¿Cómo saber si se resistiría a la tentación de los viajes, las traidas y los tragos, si jamás fue tentado? Aquel que nunca estuvo en situaciones de poder ¿cómo habría de comportarse, si lo tiene?
En el poder –así es el poder de peligroso– se encuentra peludo al calvo. Altos se ven los sapos. Delgados los obesos.
Educadísimo el patán y simpático el gracejo y, lo peor de todo ¿saben una cosa? quien lo tiene, se lo cree. Tal es el poder –querámoslo o no, amigo lector– ¿sería usted capaz de resistirlo?
Para conocer de la honorabilidad de aquellos que son tan sólo conocidos en sus casas habría que irrumpir en la intimidad de sus hogares. Más que necesario ¿no le parece?
Aquel que haya tenido que vérselas en situaciones adversas y que se haya sostenido honorable en todas ellas –ese– es honorable. Quien que no ha sido expuesto jamás a prueba alguna, podría serlo –o no– pero ¿cómo saberlo?
Bien dice el refrán popular, dime de qué presumes, y te diré lo que te falta. Buena llamada de atención para que nos pongamos en guardia ¿no le parece? y que aprendamos a escuchar con desconfianza, a quienes de esta cacarean, incluidos los postulantes y varios de los inveterados maniobreros.
¡Ah, los impolutos! ¡Vaya que nos han cuajado de “impolutos” funcionarios las “impolutas” comisiones y el “impoluto” monitoreo social que en nada se equivoca.
¿Cuántos puntos, decían, que le dieron? ¿El máximo punteo? ¿Más allá del bien y del mal, decían? ¡Las columnas en blanco, victoriosas! ¿Sarcástico? Un poco, pero ¿saben una cosa? ¡A las pruebas me remito!
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