Chile nos ha dado una gran lección de cómo puede reducirse la potencial devastación de un terremoto con una magnitud de 8.8 grados en la escala de Richter, seguido de cientos de réplicas sísmicas posteriores arriba de los 5 grados.
Dicha lección se circunscribe a estar preparados para enfrentar lo inminente, a lo que tarde o temprano ocurrirá. En dos platos, la estrategia se basó en anticiparse al futuro y no eludirlo. Tomar decisiones destinadas a enfrentar lo peor y no sufrir lo sufrido el 22 de mayo de 1960 cuando un terremoto con magnitud de 9.5 grados en la escala de Richter devastó Chile.
¿Cómo se prepararon los chilenos? A través de construcciones antisísmicas, con altísimas exigencias de calidad y control, y de instruir a los ciudadanos para enfrentar la emergencia. Es decir, que los chilenos aprendieron del pasado.
Chile y Haití son ejemplos de un país preparado para el cataclismo y de otro que no estaba preparado. El terremoto que golpeó Haití el 12 de enero de este año (de 7.6 grados en la escala de Richter) causó 220 mil muertos, en tanto que el terremoto en Chile ocurrido el 127 de febrero de este año (de 8.8 grados en la escala de Richter) provocó 800 fallecidos.
De acuerdo con la energía liberada en el epicentro, según el Servicio Geológico de los EE.UU., el sismo chileno fue 501 veces más poderoso que el haitiano.
Si bien el sismo en Chile dañó las construcciones, no logró pulverizarlas como sucedió en Haití. Se evitó una catástrofe humanitaria que, bajo las condiciones imperantes en Haití, hubiera sido superlativa.
Aunque hubo construcciones modernas que colapsaron en Chile, la mayor cantidad de construcciones destruidas son antiguas. Claro, habrá que evaluar los daños en las construcciones modernas, que habrán sido estructrurales en muchos casos. Pero lo más importante se evitó, que el terremoto matara a grandes cantidades de seres humanos.
La impresión que se tiene en Guatemala es que no necesariamente aprendimos de la destrucción y la mortandad que dejó tras de sí el terremoto que azotó el territorio nacional el 4 de febrero de 1976, con una magnitud de 7.6 grados en la escala de Richter (23 mil muertos, 76 mil heridos, 3 millones 750 mil daminificados y más de un millón de viviendas destruidas).
¡Qué Dios nos libre de un nuevo movimiento telúrico devastador!
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