La realidad de Guatemala haría estremecer de horror a la gente de países incluso relativamente normales. Es más, haría falta inventar palabras y conceptos que pudieran responder al tamaño gigante y dantesco de nuestra realidad: una de ellas, es que muchos de quienes en teoría deberían de cuidarnos y de velar por nuestra seguridad, son quienes nos asaltan.
En estos últimos días de rotavirus, muchísima gente me ha abordado, espantada, con los desenlaces en el Ministerio de Gobernación y la Policía Nacional Civil.
Cambio de autoridades cada seis meses en promedio. Ministros, viceministros y directores de Policía manos largas o narcotraficantes. Cuerpos élite de la Policía, que a su vez son escuadrones de la muerte, que asesinan por políticas y órdenes institucionales o contratados por terceros. Bandas de sicarios, robacarros y poderoso cartel de narcotráfico, conocido en el ámbito del negocio con el flamante nombre de ‘Cartel del Tumbe’. Agentes de policía, también, que en nombre de Dios, asesinan en medio de una cruzada neopentecostal.
Que buenos eran aquellos lejanos tiempos en que los agentes de Policía se limitaban a pedir modestas mordidas.
He reiterado a todos, que no es que el país se esté deteriorando aún más, que su severa crisis de seguridad haya alcanzado mayores niveles de profundidad. Mas bien, el statu quo criminal es el mismo, solo que ahora la podredumbre está saliendo a flote.
Una de la razones es la presión misma de la CICIG, que está forzando procesos complejos de purificación de las estructuras de seguridad del país. Procesos por cierto, con sus aciertos y éxitos, con sus inevitables errores.
El rosario de caídas sucesivas de altas autoridades de la seguridad del Estado, es una evidencia categórica de que por primera vez en tres décadas, tiene lugar una lucha incipiente contra el delito, la corrupción y la impunidad en Guatemala.
Es correcto, en el camino han habido daños y víctimas. Por ejemplo, Porfirio Pérez Paniagua, y cuyo único delito fue ignorar que Guatemala es un país en el cual todo, absolutamente todo, funciona al revés. Se dedicó a realizar bien su trabajo y terminó camino al cadalso a través de una conspiración, y ni cuenta se dio. El dia de su captura, en un ritual litúrgico inusual, el propio Ministro de la Defensa, en helicóptero, con el apoyo de tanques en tierra, comandó personalmente el operativo con un despliegue de fuerzas de seguridad pocas veces visto en Guatemala.
Son memorables las fotografias en primera plana de Porfirio, incrédulo y sorprendido, rodeado de un Ejército, camino a la cárcel.
En otra dirección, luego de la caída y captura del director de la Policia Nacional Civil, Baltazar Gómez, quien llegó al cargo propuesto insólitamente por las organizaciones de la sociedad civil; de la jefa de la Unidad Antinárcoticos, Nelly Bonilla, y el oficial Fernando Carrillo por asociaciones ilícitas y almacenamiento de drogas, fue catapultado hasta la cúspide de la dirección interina de la Policía Nacional Civil, Werner Yovani Leal Yaxcal, quien trabaja y coopera con Los Zetas coordinados por Fernández desde Cobán, Alta Verapaz.
Con el apoyo del capitán Elmer Aníbal Aguilar, director General Adjunto de la PNC en tiempos de Portillo, Werner Yovani Leal ingresó a la Guardia de Hacienda en 1996, donde a un ritmo vertiginoso ascendió a subjefe de resguardo de la regional central a mediados de 1997.
Como guardia de Hacienda fue miembro del Departamento de Operaciones Antinarcóticas (Doan) también en 1996. Ingresó a la Policía Nacional en septiembre de 1996 y en el registro aparece, derivado de un salto vertiginoso, como Oficial Segundo en esa fecha, sin haber realizado el curso de reciclaje.
En 2000 aprobó su curso de reciclaje y ascendió a oficial Primero y volvió directamente al Doan. En sus registros no aparecen sus destinos entre 2001 y 2008, sin embargo, sí aparecen anotadas sus vacaciones anuales.
Asciende a subcomisario en 2005 y en 12 meses desarrolla una carrera meteórica: asciende a Comisario de la PNC, a Subdirector y a Comisario General.
En 2008 es nombrado Jefe de la Comisaría 11. En abril de 2009, Subdirector General de Seguridad Pública. Dos meses más tarde, el 8 junio de 2009 causa baja y sale de la PNC por reorganización. Al día siguiente, el 9 de junio, extrañamente, causa alta por re-ingreso en el cargo de Comisario General, ascendido por el ministro Gándara por acuerdo ministerial, no por curso de la academia, y es nombrado a cargo de la Jefatura de Planificación Estratégica y Desarrollo Institucional.
Entre los tumbes en que se sabe que ha participado Leal Yaxcal, está el que tuvo lugar el 17 de octubre de 2008, a las seis de la tarde, en el kilómetro 16, ruta al Atlántico, en la Esso On the Run, a pocos metros de la comisaría 12.
Incautaron, o más bien robaron, 800 kilos de coca a un camión estacionado en la tienda de conveniencia de la Esso. El operativo lo iniciaron con un retén con policías que fueron movilizados en la unidad DINC-01, manejada por el agente Luis Alberto Marroquín (hoy en ORP) y que fue prestada por el subcomisario Marco Tulio Folgar Palma (Jefe del DINC en esos días).
La droga fue vendida al dueño de los transportes Pullman Las Charras de San Marcos, asociado a Erick Zúñiga, alcalde de Tecún Umán, San Marcos, y Juan Ortiz López, alias Chamalé, prominente narco de dicho departamento.
En este tumbe participaron Rember Larios (director General Adjunto en esas fechas), el comisario General Werner Yovani Leal, el subcomisario González Estrada, el comisario Martínez Rodríguez, alias El Chucho, el comisario Velásquez Sánchez y el comisario General Baltazar Gómez Barrios, hoy residente del preventivo.
El segundo tumbe tuvo lugar a finales de mayo, en San Lucas Sacatepequez, entre Rember Larios y Leal Yaxcal, coordinando la operación con ex-comisarios que tenían la informacion sobre la droga y sumas importantes de dinero en efectivo.
Asaltaron una casa a medianoche y robaron 1,500 kilos de coca y dinero. Al día siguiente, el Ministerio Público (MP) realizó un allanamiento a la misma casa y solo encontró un furgón vacío.
El tercer tumbe fue el 24 de abril de 2009, en bodegas del sur, Amatitlán, donde fallecieron 5 elementos de la SAIA. Por cierto, durante este tumbe, entre alrededor de las 4 p.m. y las 10 p.m., la gente del MP de revisión de la escena del crimen, no pudo entrar a la bodega a levantar los cuerpos de los asesinados, porque los narcopolicías no se ponían de acuerdo sobre cómo repartir el botín.
En fin, lo realmente importante, es que estamos presenciando un proceso, una metamorfosis, una manifestación de cambio, que está permitiendo que la mierda flote, en buena medida, gracias a la presión de la CICIG, que, entre otras cosas, ha envalentonado a muchos fiscales y autoridades judiciales.
Es cierto, Porfirio Pérez es inocente y está en el bote. No obstante, también han caído varios delincuentes, y, junto a ellos, Leal Yaxcal, seguirá la misma ruta.
Paciencia, fe, coraje y un papel más activo de apoyo a la CICIG de todos nosotros, y de la CICIG el mismo rigor que ha hecho evidente, pero también tolerancia, respeto, humildad, profundas convicciones democráticas y compromiso con las libertades públicas.
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