Nila alegría, ni la fuerza que les da a las mujeres su propia lucha, pues a pesar de la situación, de la muerte que les acecha día a día, siguen exigiendo sus derechos y levantando su voz contra todas las injusticia y en exigencia para que tomen en cuenta sus aportes para construir un Estado no excluyente, ni racista ni discriminatorio como el actual.
Ayer como en muchas otras oportunidades las mujeres volvieron a tomar las calles para romper el silencio, para gritar a viva voz sus derechos y para exigir cambios fundamentales en las leyes discriminatorias y justicia por los crímenes que contra ellas se cometieron en el pasado y se continúan cometiendo sin que las investigaciones, si es que se realizan, den con los responsables y se aplique la ley en vez de decir simplemente que se trató del asesinato de una mujer más y que “fue un ajuste de cuentas” Sean quienes sean los responsables de los crímenes, la persecución penal es indispensable para frenar la ola de asesinatos, pues cada día que pasa, la bestialidad horroriza. Hace dos días, los cuerpos de dos mujeres aparecieron metidos en bolsas, amarradas de pies y manos, estranguladas, torturadas por sus asesinos, y pareciera que a esta sociedad ya no la mueve nada y no sabemos qué es lo que podría suceder para que junto a las defensoras de los derechos de las mujeres, el pueblo tome las calles y exija un alto total a la violencia.
Tal como ellas lo señalan, “sin la participación de las mujeres no hay desarrollo”, pero tampoco habrá paz, ni se puede hablar de democracia cuando se les excluye, cuando las principales instituciones están en manos de hombres y cuando las mujeres indígenas no son tomadas en cuenta, y siguen sufriendo toda clase de discriminación. Por ello hacemos nuestra su exigencia de “acciones y medidas para la aplicación de la justicia en contra de la impunidad y corrupción en los sectores estatal y empresarial”, así como la asignación de presupuestos y programas adecuados y oportunos para el buen vivir y desarrollo integral de las mujeres.
El día de ayer, las mujeres volvieron a gritar en las calles “rompamos el silencio, digamos no a la violencia contra las mujeres y niñas” demostrando que pese a la indiferencia de las autoridades y la complicidad de agentes fiscales, que no realizan la persecución penal, “no podrán matar la esperanza”, ni la alegría, ni la fuerza que les sigue dando su propia lucha contra toda forma de exclusión y sometimiento.
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