Comoya es una costumbre en nuestro selectivo sistema judicial, cuando un “pez gordo” es inculpado en algún delito “gordo”, de inmediato se pone “enfermo”, tan enfermo que es preciso llevarlo a un hospital, donde puede pasarse meses “mientras se averigua”.
Cuando ese pez gordo se fuga o contrata a algún “famoso y rico”, los juicios se entrampan y suele salir libre de cargos o con algún requisito menor, como el de ir a firmar un día al mes en el libro que demuestra que “aún” está en el país.
El caso de Portillo, acusado de enriquecerse de manera millonaria mientras disfrutaba de ser “el Presidente de los pobres”, es diferente. Fue enviado a prisión en el preventivo de Fraijanes I, donde sus protectores llenaron su amplia y cómoda celda, de todos los adminículos necesarios, en una especie de celda “Cinco Estrellas”, donde recibía visitas de familiares y amigos como si estuviera en la sala de su casa.
Pero… de repente, una madrugada y rodeado de un batallón de radiopatrullas policíacas, fue a dar con sus huesos (mollas sería lo correcto) a la prisión de alta seguridad Fraijanes II.
De inmediato le acudieron varias enfermedades, sus quebrantos de salud, los brincos de su corazón (que no aparecían en sus incendiarios discursos unos días antes) hicieron su presencia; total que tenía el cuerpo como un colador, según un mediquito contratado para el efecto, a pesar que los médicos forenses juraban que estaba como un muchacho de 20 años.
Los abogados de Poncho (famosos y ricos) lograron regresarlo a Fraijanes I, porque Fraijanes II “lo estaba matando”. Otra vez a su retiro inicial. Pero ahí estaba expuesto a que alguien con buena puntería se cargara al Pollo. A correr a refugio seguro, al Hospital Militar, al “intensivo” para mayor seguridad.
Monseñor Quezada, en su sermón del domingo 21 de febrero pidió que se investigara si las celdas de Fraijanes II eran tan horribles, y si era cierto, habría que intervenir para evitar esa injusticia con los reclusos, con todos ellos, pues según se informó por los parientes y abogados de Portillo, eran lugares inhumanos que enfermaron de varias partes al expresidente Portillo, al punto que afirmaron que El Pollo estaba a punto de estirar los hules.
¡Qué fortachones todos los demás presos compañeros de prisión del “Presidente de los pobres” en Fraijanes II! Lo menos que merecen es que el Organismo Judicial envíe un equipo de médicos para proteger los derechos humanos de dichos reclusos.
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