Jamás dijo Marx que había que repartir la riqueza sin producirla.
Manuel Ayau (Prensa Libre 28-2-10), repitiendo ideas de la sección “La naturaleza humana y la expansión de las fuerzas productivas”, del libro Socialismo, de Mises, afirma que “Marx consideraba que la producción de riqueza es el resultado de las naturales fuerzas productivas. Así resolvió el problema de producción de riqueza: ¡las fuerzas naturales productivas se encargarían! ¡Qué fácil! En otras palabras, la riqueza simplemente se da, allí está, y el problema es repartirla”.
Tanto Adam Smith como David Ricardo –y así lo explica el joven Marx en sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844–, establecieron que las fuerzas productivas no son tales sin el trabajo humano y que, por ello, la esencia de la producción de riqueza es el hombre mediante su actividad laboral. Este fue el punto de partida de Marx para elaborar su teoría del trabajo enajenado y de la propiedad privada. De modo que, al menos a él, no pudo ocurrírsele la idiotez de decir que la “riqueza es el resultado de las naturales fuerzas productivas” sin la acción humana. Y menos aún la sandez de que la solución al problema de la producción de riqueza era que “las fuerzas naturales productivas se encargarían” porque “la riqueza simplemente se da, allí está, y el problema es repartirla”; ya que su concepto de fuerzas productivas se compone de medios de producción y de fuerza de trabajo. Por lo que, cuando habla de desarrollo de las fuerzas productivas, habla de desarrollo del trabajo sobre los medios de producción.
Por ello, jamás dijo que había que repartir la riqueza sin producirla. Lo que dijo fue que había que llegar a producirla en una escala y con un método capaces de superar el trabajo explotado, porque la riqueza no era tan importante como para convertirse en el único beneficio que la humanidad reciba, a cambio de la deshumanización que supone la compulsiva ampliación de márgenes de lucro para unos, y de la capacidad de consumos banales para otros.
Ayau también afirma que “en el mundo real, nadie produce para simplemente dejarlo allí, para ver a quien (‘sic’) le toca”, lo cual es del todo cierto y sólo un idiota afirmaría lo contrario. Pero sigue diciendo: “El carpintero produce una mesa porque supone que la mesa será suya. Los marxistas no perciben que el acto de producir es el mismo acto de apropiación”. El carpintero, como bien dice Ayau, “supone” que la mesa será suya, pero no lo será, en especial si es un carpintero asalariado. Porque, si bien “el acto de producir es el mismo acto de apropiación”, la primera parte del acto la lleva a cabo el carpintero asalariado, pero la segunda (la apropiación de su fuerza de trabajo) la realiza el propietario de la mueblería, como ocurre en toda jornada laboral.
Ayau supone que para los marxistas “la riqueza de unos es apropiación indebida, puesto que ella es producto de la fuerzas naturales de la producción y no de quienes la produjeron: ¡dígaselo al carpintero!” Para los marxistas, la riqueza de algunos es resultado de la apropiación de la fuerza de trabajo ajena, que es la que produce riqueza, pues ésta no puede ser producida por las “fuerzas naturales de la producción” sin el trabajo humano. Ayau empero atina al decir que la riqueza es “de quienes la produjeron”. Aunque debe aprender que quienes la producen son los trabajadores, y no los propietarios.
Pregúntele al carpintero. Seguro le contará que le costó mucho trabajo producir la mesa, y que no le pagaron su valor, sino sólo su salario. Es decir, el costo de su fuerza de trabajo.
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