El Gobierno presidido por Álvaro Colom ha retomado con las denominadas “bancadas aliadas” (¿cooptadas?) la aprobación del “paquete tributario” que el año pasado remitió el Ministro de Finanzas Públicas al Congreso...
El Gobierno presidido por Álvaro Colom ha retomado con las denominadas “bancadas aliadas” (¿cooptadas?) la aprobación del “paquete tributario” que el año pasado remitió el Ministro de Finanzas Públicas al Congreso, por medio del cual se propone aumentar el Impuesto Sobre la Renta (ISR) en un 20 por ciento, el Impuesto de Solidaridad (ISO) en un 100 por ciento y el Impuesto de Papel Sellado y Timbres en un 100 por ciento, así como gravar la telefonía móvil celular, a razón de Q0.15 por llamada telefónica.
El ISR dejó de ser, desde los tiempos del régimen presidido por Óscar Berger (2004-8), un impuesto que grava la renta (neta), para convertirse en un impuesto que grava los ingresos (renta bruta), por lo que es mal llamado ISR. En dos platos, los contribuyentes (clase media) pagan, en concepto de impuesto, una porción (5 por ciento) de sus ingresos brutos (monto de ingresos por ventas y servicios). Esto equivale a una carga tributaria de, por lo menos, el 35 por ciento sobre la renta neta (renta después de deducir costos y gastos). Con el incremento podría llegar al 40 por ciento de dicha renta neta.
El ISO, por su parte, es un impuesto que grava directamente el flujo de caja de las empresas. Lo pagan tanto los que ganan como los que pierden, por lo que descapitaliza a todas las empresas y puede quebrar a aquellas con márgenes muy estrechos. Luego, el ISO es un clásico impuesto antieconómico que, además, incide negativamente en el nivel de empleo.
El Impuesto de Papel Sellado y Timbres se había mantenido en un 3 por ciento. Se pretende aumentarlo a 6 por ciento. Es un impuesto en cascada que debió desaparecer cuando se implantó el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en tiempos del Gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt (1982-3); sin embargo, ha subsistido a pesar de ser un impuesto antieconómico.
El impuesto a las llamadas por telefonía móvil celular es un gravamen que se trasladará al consumidor, por lo que, salvo que se congelen las tarifas telefónicas por decreto, será un impuesto indirecto, que incidirá inequívocamente sobre los erosionados ingresos de los consumidores y no sobre los dueños de las empresas.
De ser aprobado este paquete tributario, se habrá decretado el mayor aumento de impuestos en los últimos 30 años, desde que se implantó el IVA. Esto en la peor crisis económica desde la Gran Depresión (1930).
En todo caso, como ya es casi un hecho que el Congreso aprobará el incremento impositivo, preparémonos para más desempleo, más desinversión y más empobrecimiento.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
20 comentarios: