Han sido días ajetreados.
Han sido días ajetreados. Entre las actividades del X Festival Internacional de Jazz, la presencia de Metallica en Guatemala y la noticia del cierre de El circo del rock, lo único que queda es respirar hondo y ventilar con brevedad los temas.
Jazz. Hasta ahora el Festival ha tenido algunos aciertos. El cartel de participantes y propuestas hacen creer que empieza a convertirse en una oferta cultural apetecible y en un pródigo satisfactor para los seguidores del género. Las expresiones de mayor valía de la primera jornada (aún continúa la próxima semana) han sido la presencia del grupo español Kaulakau, que en su línea de folk-jazz y world fusion, acercaron al público a nuevas tímbricas sonoras y a mundos rítmicos exóticos. Luego, el quinteto de neo bop, del trombonista Luis Bonilla, que ofreció un pulido trabajo, lleno de arrojos estilísticos y de una ingeniosa y nueva naturaleza. Es discutible la presencia de blues en el festival, pero sin ser puristas, fue sorpresiva la presentación de Chapines Blues Band (aunque a veces pecó de ser pop o funk, alejándose más del leit motiv de la actividad) y de Too Much Blues. Ambos mostraron tener una fuerte comprensión del género.
Metal. El concierto de Metallica se realizó en las mismas condiciones del ofrecido en México el año pasado. Por supuesto, allá hubo excelente sonido todo el tiempo y el switcher de cámaras no fue tan torpe como el que nos tocó aquí. Ahora bien, su presentación dejó claro: 1. Que el metal es disfrutado y bienvenido por un gran público. Esa noche, 32 mil almas. 2. Que el rock resulta generoso cuando quienes la interpretan gozan de una rigurosa técnica instrumental, lo visten de matices y lo estructuran con inteligencia. 3. Su presencia vino a recobrar la identidad roquera chapina sumergida en el mar de músicas comerciales y frívolas. 4. Que Black Sabbath, Judas Priest y Motorhead aparecen en el rastreo de sus referencias y por tanto actuó sobre una herencia. Y 5. Que esta vez se pusieron al descubierto las estaciones de radio oportunistas que fingieron estar con la metallicamanía, incluyendo en su programación sus discos (por supuesto, los más suavecitos).
Radio. El circo del rock que desde su inicio ha sido un proyecto radial limpio, sincero, profesional y creativo; ahora está moribundo. La miopía general de los anunciantes y publicistas les impide ver que el rock ya no es sólo una cultura de jóvenes.
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