Con el respeto que me merece como mujer y madre, y siendo la persona con más poder en el Gobierno, quiero hacerle –ante la debacle que vive el país– algunas reflexiones. En más de una ocasión, he observado cómo usted termina sus alocuciones… con un: “Dios les bendiga”; esa ha sido una frase utilizada –del diente al labio– por muchos políticos y pseudoempresarios quienes –mientras invocan a Dios– traicionan a la patria… lo cual es inmoral. No obstante, con la esperanza de que en su corazón exista –por mínimo que éste sea– el deseo de agradar a Dios y de resolver los ingentes problemas de desarrollo humano que nos aquejan, le indico:
1. Quienes creemos en el Dios único y verdadero –quien no comparte su gloria, ni con diosesitos falaces, ni con brujos o taumaturgos– sabemos que en las Sagradas Escrituras (La Biblia) está Su soberana voluntad… allí está la receta para terminar con el vacío que –a veces– nos avasalla y, por supuesto, para gobernar, emprender, educar y crecer integralmente. Dentro de estas verdades eternas, El Señor facilita diagnósticos para que sepamos cómo estamos. Proverbios 29:2, “Cuando predominan los justos, la gente se alegra; cuando los malvados gobiernan, la gente sufre”; quiere decir que un buen Gobierno, propicia mejores condiciones para su pueblo… sin etiquetas ni clases sociales, ni etnia.
2. Dios es enfático –en el Texto Sagrado– en asegurar que la verdadera fe, debe traducirse en obediencia a sus normas y reglas; si las seguimos, indefectiblemente nos irá bien y si no, simplemente fracasaremos –ojo no se trata de que Él castigue sino de que nosotros mismos pagamos las consecuencias– como personas, empresarios, gobernantes, empleados o nación de nuestras necedades. El Señor muestra –en muchas ocasiones– la contundente ley de la “siembra y la cosecha”… ley a la que nadie –aunque desprecie estas líneas– podrá escapar: Gálatas 6:7, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
3. Cito lo que se ha llegado a conocer como “La Regla de Oro”, misma que no fue proclamada por ningún filósofo mortal, sino por el mismo Señor Jesucristo: Lucas 6:31, “Hagan ustedes con los demás como quieren que los demás hagan con ustedes”; este preclaro mandato, no admite manipulaciones, ofensas, vanas acusaciones y menos aún, la confrontación del pueblo contra el pueblo… y si incluye: verdad, armonía que son la verdadera solidaridad.
4. La humanidad –y nuestro país– está en problemas por haber despreciado a Dios… aunque Él siempre quiere ayudarnos: Ezequiel 36:26-29, “pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil. Pondré en ustedes mi espíritu, y haré que cumplan mis leyes y decretos; vivirán en el país que di a sus padres, y serán mi pueblo y yo seré su Dios. Los libraré de todo lo que les manche. Haré que el trigo abunde, y no volveré a enviarles hambre”. ¡Píenselo!
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
53 comentarios: