“Escribir bien es pedirle a la inteligencia el nombre exacto de las cosas”.
Antonio Muñoz Molina
Pues bien, todo esto viene al caso porque hace algunas semanas compré una nueva edición de El contador de cuentos, uno de los relatos de Saki que me ha gustado siempre. Se trata de un libro de Ediciones Ekaré (segunda edición, Barcelona, 2009), ilustrado por Alba Marina Rivera, que haría las delicias de cualquier niño. Y de cada adulto que haya conservado un ápice de rebeldía, imaginación y gusto por el juego. Es decir, que no padezca de solemnidad ni de esa terrible propensión a parecer una “buena persona”. Las ilustraciones son irreverentes e ingeniosas como el relato mismo. Como usted recordará, nos cuenta la historia de una tía que viaja con sus sobrinos, dos niñas y un niño, en un vagón de tren. En el mismo vagón viaja también un hombre que empieza a desesperarse ante la incapacidad de la mujer para entretener a los niños. Es cierto que les cuenta un relato de una niña buena, pero también que fracasa tratando de interesarlos en una historia que resulta sosa y previsible. Así que, mientras una de las niñas repite con insistencia Por el camino de Mandalay —sin duda en referencia a Kipling, el escritor del imperio— el hombre interviene para contarles otro cuento. La narración, que comienza en el filo de la moral conveniente, cuenta la historia de una niña “extraordinariamente buena”. Pero luego, toma un rumbo diferente. La protagonista se vuelve horriblemente buena, y ese adverbio, que contiene la palabra “horrible”, despierta la curiosidad de los niños.
Como la niña era tan buena es invitada a visitar el parque del príncipe. Un parque donde no había flores ni ovejas sino cerdos. Bueno, el caso es que en un determinado momento aparece, como en algunos cuentos clásicos y sangrientos como Caperucita roja, un lobo hambriento. El lobo ha llegado para devorar un par de cerdos pero le llama la atención el impecable vestido de la niña. Y la persigue. La niña se oculta en unos arrayanes cuyo fuerte olor no le permiten encontrarla. Pero algo la pierde. Sus tres medallas de oro, la de la obediencia, la de la buena conducta y la de la puntualidad chocan entre sí, y el lobo las escucha, localiza a la niña y se lanza entre el arbusto… Esta edición de El contador de cuentos fue premiada en la Feria del libro de Bolonia en 2009. Es un objeto lúdico para divertirse y aprender que la vida y los seres humanos no son como pretenden hacernos creer la mayoría de los adultos; que a veces conviene salirnos del frasco donde nos encontramos atrapados, como insectos de jardín. “Con una suerte de pudor —dice Borges—, Saki da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel…”Esa delicadeza, esa levedad que nos recuerda a Wilde.
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