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Guatemala, domingo 14 de marzo de 2010

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Opinión:

Yo disiento; los peligros de la reducción del déficit

Joseph Stiglitz

Fuente menor Fuente normal Fuente grande

NUEVA YORK – Una ola de austeridad fiscal se precipita sobre Europa y los Estados Unidos. La magnitud del déficit presupuestario –como la de la recesión– ha tomado a todos por sorpresa. Pero pese a las protestas de los antes defensores de la desregulación, que quisieran que el Gobierno siguiera siendo pasivo, la mayoría de los economistas creen que el gasto público ha tenido un impacto positivo que ha ayudado a evitar otra Gran Depresión.


La mayoría de los economistas también coinciden en que es un error mirar solamente un lado de la hoja de balance (ya sea en el sector público o privado). Uno debe evitar fijarse solamente en las deudas de una empresa, también hay que ver sus activos. Esto debería servir para responder a los halcones del sector financiero quienes están dando la alarma sobre el gasto público. Después de todo, incluso los halcones del déficit reconocen que deberíamos concentrarnos en la deuda nacional de largo plazo y no en el déficit actual. El gasto, especialmente en inversión educativa, tecnológica y en infraestructura, puede realmente conducir a la disminución del déficit de largo plazo. La visión miope de los bancos contribuyó a crear la crisis; no podemos dejar que la visión miope del Gobierno –empujado por el sector financiero– la prolongue.


Un crecimiento más acelerado y los rendimientos de la inversión pública producen mayores ingresos fiscales, y un rendimiento de entre 5 y 6 por ciento es más que suficiente para compensar los incrementos temporales de la deuda nacional. Un análisis de costo-beneficio (que tome en consideración otros impactos además de los del presupuesto) hace que esos gastos, incluso financiados con deuda, sean todavía más atractivos.


Finalmente, la mayoría de los economistas están de acuerdo en que, aparte de estas consideraciones, el tamaño adecuado del déficit depende en parte del estado de la economía. Una economía con poco dinamismo requiere de un déficit mayor, y el tamaño apropiado del déficit frente a la recesión depende de circunstancias precisas.


Es aquí donde difieren los economistas. Las previsiones son siempre difíciles, pero en especial en tiempos tan complicados. Lo que ha sucedido no es (por suerte) algo que ocurra todos los días; sería una tontería mirar las pesadas recuperaciones para predecir la actual.


En los Estados Unidos, por ejemplo, la morosidad y las ejecuciones hipotecarias están en niveles no vistos en tres cuartos de siglo; la disminución de crédito en 2009 fue la mayor desde 1942. Las comparaciones con la Gran Depresión también son engañosas porque hoy la economía es muy diferente en muchos sentidos. Y casi todos los llamados expertos han probado ser altamente falibles –muestra de ello son las sombrías previsiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos previas a la crisis–.


No obstante, incluso con déficit importantes, el crecimiento económico en los Estados Unidos y Europa es anémico, y las previsiones de crecimiento del sector privado indican que en ausencia de un apoyo continuo del Gobierno, existe el riesgo de un estancamiento sostenido –que el crecimiento sea demasiado débil para que el empleo vuelva a sus niveles normales pronto–.


Los riesgos son asimétricos: si estas previsiones son equivocadas y se da una recuperación más sólida, entonces por supuesto se pueden reducir los gastos y/o aumentar los impuestos. Pero si son correctas, entonces una “salida” prematura del gasto deficitario podría conducir nuevamente a la economía a la recesión. Esta es una de las lecciones que aprendimos de la experiencia de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. También es una de las lecciones de la experiencia de Japón a finales de los noventa.


Estos puntos son particularmente pertinentes para las economías más afectadas. Por ejemplo, el Reino Unido ha tenido más problemas que otros países por una razón obvia: tuvo una burbuja inmobiliaria (aunque menos grave que la de España) y las finanzas, que estuvieron en el epicentro de la crisis, desempeñaron un papel más importante en su economía que en la de otros países.


El hecho de que el Reino Unido haya tenido resultados más débiles no es resultado de políticas peores; en efecto, en comparación con los Estados Unidos, sus rescates bancarios y políticas para el mercado laboral fueron mucho mejores en varios sentidos. Evitó el enorme desperdicio de recursos humanos que acompaña al alto índice de desempleo en los Estados Unidos donde casi una de cada cinco personas que buscan un empleo de tiempo completo no lo encuentran.
A medida que la economía global vuelva a crecer, los gobiernos deberán preparar, evidentemente, planes para elevar los impuestos y recortar el gasto. Inevitablemente, el equilibrio adecuado será tema de controversia. Principios como el de que “es mejor gravar cosas malas que buenas” podrían sugerir el establecimiento de impuestos ambientales.


El sector financiero ha impuesto enormes externalidades sobre el resto de la sociedad. La industria financiera estadounidense contaminó al mundo con hipotecas tóxicas, y en consonancia con el principio del “que contamina paga”, se les deberían cobrar los impuestos. Además, los impuestos bien diseñados sobre el sector financiero podrían ayudar a aliviar los problemas causados por un excesivo apalancamiento y los bancos que son muy grandes como para fracasar. Los impuestos sobre las actividades especulativas podrían alentar a los bancos a poner más atención en su desempeño social primordial como institución de crédito.


En el largo plazo, la mayoría de los economistas coinciden en que los gobiernos, especialmente los de los países industrializados avanzados con poblaciones que envejecen, deberían estar preocupados por la creación de políticas sostenibles. Sin embargo, debemos estar atentos del fetichismo del déficit. El déficit para financiar la guerra o para asistir gratuitamente al sector financiero (como ocurrió en una escala masiva en los Estados Unidos) generó pasivos sin contar con los activos que los respaldaran, imponiendo una carga para las generaciones futuras. No obstante, las inversiones públicas de altos rendimientos que se pagan por sí solas por mucho pueden mejorar realmente el bienestar de dichas generaciones, y sería una tontería doble dejarles la carga de deudas correspondientes a gastos improductivos y después recortar las inversiones productivas.


Estas son las preguntas para más adelante –al menos en muchos países las perspectivas de una recuperación sólida son, en el mejor de los casos, para uno o dos años–. Por el momento, la economía es clara: reducir el gasto público no es un riesgo que valga la pena tomar.


Copyright: Project Syndicate, 2010. www.project-syndicate.org

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3 comentarios:

  1. Ramiro Asturias Zamora: (2010-03-14 18:39:45 horas)
    Un rosal tiene espinas, que no solo rosas. Bush padre pudo pasarle la enorme factura de los gastos de guerra a los paises aliados; si mal no recuerdo, hasta a Japon le saco su buen poco! Su hijo no pudo hacer lo mismo, y el pagador de impuestos estadounidense ha debido pagar todos los platos rotos de las tampoco baratas guerras actuales! He alli la tremenda, casi astronomica diferencia.
  2. sergio licardie V: (2010-03-14 15:07:57 horas)
    El gasto público es la parte de los impuestos que le corresponde manejar al gobierno en forma de presupuesto y para desarrollar los proyectos que corresponden a sus obligaciones jurídica, morales y de administración. EL PROBLEMA ES LA FORMA COMO LO GASTA. Estando el mundo en crisis se hace necesario replantear los objetivos, modelos y formas del presupuesto y gasto. En la actualidad el modelo nos indica que los gobiernos deben tener muchos trabajadores para crear empleo, pero son empleos gasto que no generan ingresos, que no producen y disminuyen la capacidad administrativa debilitando a las autoridades. Otra característica del modelo es que tiene que ENTERRAR EL PRESUPUESTO Y HASTA LA DEUDA PUBLICA. Eso genera formas de manejo de dinero que crean corrupcion a través de contratos y ocultamiento de información. El GOBIERNO TIENE QUE GASTAR pero cambiando las formas de administración, adquiriendo mas transparencia y mas poder. Resolver problemas a través del mercado, de la población y la tecnología. El gobierno no debe ya ser consumidor financiero, no debe enterrar el dinero, debe de solucionar los problemas sociales a través del CREDITO SOCIAL AL CONSUMO. Eso permitirá cobrar impuestos al segundo, generará satisfacción y paz social, se incrementará el mercado, disminuirá la corrupción, etc. y los USA que vayan a volar barriletes a Zumpango
  3. ROBERTO LOPEZ PORRAS: (2010-03-14 11:08:57 horas)
    CRISIS Y RECUPERACION. La recuperación de la economia de Estados Unidos tiene varias vertientes y nadie tiene un panorama claro y matemático sobre la recuperación, lo cual es lógico en una ciencia social como lo es la economía, sin embargo, las políticas de hoy, con visión para el largo plazo, tiene más lógica que los enfoques de corto plazo del capitalismo financiero que llevaron a este país a la crísis y que persisten en mantener. Estoy de acuerdo con el autor que hay un fetichismo del déficit, viéndolo en un contexto de corto plazo, pero las grandes inversiones financiadas con déficit en obras de infraestructura cubren los dos aspectos, el de corto plazo que es dar trabajo e ingreso, dinamizar el consumo, mover los engranajes financieros y de la economía real, además de las derivaciones sociales y el de largo plazo que es equipar a la economía con medios modernos de estímulo a la producción, que el futuro demanda. En este contexto el déficit para financiar proyectos productivos no es malo lo cual no quiere decir que no se le fije un límite. Cuando Grecia compra armas sofisticadas en Alemania para reforzar sus defensas ante un vecino poderoso y hostil como Turquía, no está actuando en función económica sino en función de defensa de su soberania y hay un límite para dichos gastos. Sin embargo cuando, invierte en la industria de turismo, en su infraestructura portuaria, aeropuertos, carreteras, Etc. está haciendo inversiones al futuro que se pagaran solas y daran al sector privado un mejor escenario para sus inversiones productivas. En Grecia se perdió el sentido de la realidad y creó serios problemas en la zona del Euro aún no resueltos. En Estados Unidos tambien hay un gasto muerto vinculado a las guerras en Irak y Agfanistan, aunque en este caso el gasto responde al concepto de seguridad global y de defensa de los valores democráticos de esta sociedad, pero tambien debe haber un límite y una política acorde para reducir dichos gastos a límites razonables. En épocas de crísis el déficit es necesario, cuando no se tienen reservas especiales de contingencia, y ninguin país las tiene, pero el deficit debe racionalizarse. Estados Unidos tiene el dilema de terminar con sus programas de ayuda, rescate y subsidio del sector financiero inmobiliario e industrial, que retardaría la recuperación o provocaría otra recesión. Por otro lado, mantener dichos programas de rescate por un tiempo más, hasta que la economía demuestre una mayor ocupación y crecimientode la economia real que permita retirarse del escenario y dejar que los sectores productivos caminen sin las muletas del Estado. Hasta hoy los programas gubernamentales han dado resultados positivos, pero no suficientes para decir que la crísis ha terminado y cerrar los programas de rescate. Quizá sea necesario un año más de las políticas de rescate, no para el sector financiero que está en camimno de logarlo, sino esta vez enfocado en la economía real.
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