Hoy, 16 de marzo de 2010, no le quedan ya dos años al Gobierno, sino uno. Si se quiere, un año e incluso muchos días. Pero no dos y, así, el 15 de enero del 2011 ya no le quedará ni siquiera un año, sino tan sólo unos días. ¡Así de efímera la gloria humana!
Cuando se inicia un Gobierno todo parece posible. ¡Se tiene tanto tiempo por delante!, pero ahora, llegados a este momento, empezará a parecer que los días ya no alcanzan. Todos los gobiernos tienen acierto y errores y es importante señalar –no me cansaré de hacerlo– que el gran acierto del actual ha sido la cohesión social, empezando por la introducción misma del concepto –hasta hace poco no aceptado– de que existen amplios sectores de población que difícilmente podrían salir adelante por sí mismos y que precisan, en consecuencia, del apoyo solidario del Estado. En otras palabras, de nuestro apoyo. Apoyo que se brinda, fundamentalmente, a través de los impuestos.
La preocupación por la Guatemala olvidada es un aporte específico de Sandra de Colom. ¿Por qué regatearle el mérito? Y no tiene camino de regreso. Elevada ya a política de Estado habrá de continuar, sea quien sea el gobernante. El acierto habido en los programas habrá de dar sus réditos políticos pero no implica, necesariamente, clientelismo, puesto que sí –a final de cuentas–, estos ya no se objetan y continuarán en el futuro, sea cual sea el resultado electoral. ¿Qué importancia podría tener –cara a que prosigan– el votar por unos o por otros?
No puede haber clientelismo si quienes aspiran a reemplazar a los actuales gobernantes los sostienen. Las diferencias se tratarían, entonces, de matices. ¿Es suficiente lo que se ha hecho o debe hacerse más?
¿Se ha hecho en la dirección correcta?
¿Ha logrado ser el actual Gobierno el buen socio que se precisa en los sectores productivos, requisito que parecería más que necesario para la sostenibilidad final de los programas? ¿Ha habido la suficiente transparencia? ¿Ha sido bueno el resultado?
Solamente si la población de esa Guatemala profunda y olvidada se sintiese amenazada por la eliminación directa o indirecta de los programas podrían tener incidencia electoral. ¿Será que la amenaza se presiente?
Otros temas que resultan también de especial importancia, como lo son la seguridad y la justicia, habrán de evaluarse en la cuenta regresiva, así como la obra pública –condicionantes todos de desarrollo y, en consecuencia, de recursos, así como la incidencia habida en los índices que más deben de importarnos–, los de la calidad de vida, –incluidos, en esta, la preservación y recuperación del ambiente.En fin, lo que quiero señalar es que la cuenta regresiva ha comenzado. Ya no le quedan cuatro años al actual Gobierno. Su gran acierto, la cohesión social –perfectible, sí– pero legítima. Mérito suyo. ¿Por qué negarlo el haberla introducido? Su gran reto, mejorar la ejecución y sustentarla en un Estado de Derecho –seguridad y justicia–, socio del desarrollo –comprometido con lograrlo– y que la haga sostenible.
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