Guatemala se encuentra hostigada por el esfuerzo gubernamental de tender un velo ilusorio de bienestar sobre la trágica realidad que vivimos cotidianamente. Para lograrlo recurren a los medios masivos de comunicación y a la utilización del pasado, a pesar que un buen porcentaje de funcionarios son responsables de varios de los sucesos que hoy pretenden expiar económicamente, además de cargarle tales acciones a su contraparte.
Tratar de explicar el estado actual de la situación, en base a la tesis que la intención del Gobierno uneista es continuar en el poder hasta el 2016, sólo porque observamos los primeros tanes de la señora de Colom, es complejo. ¡Cómo aceptarlo!, ¿si están haciendo todo lo contrario para legitimar su gestión pública? Las denuncias de corrupción, sicariato, negligencia administrativa, abuso de autoridad, nepotismo, etcétera, son recurrentes y siempre escuchamos de los funcionarios públicos decir que el caso está en el Ministerio Público; quizás sea cierto, pero está inanimado porque no genera investigación alguna.
Se libran órdenes de captura para algunos ex funcionarios recién despedidos, pero a otros se les buscó acomodo inmediato en otras áreas de la administración pública, para retardar procesos o entorpecer las investigaciones
Escuchamos repetidamente que la CICIG auxiliará, se hará cargo o asumirá el esfuerzo principal de la investigación, sin embargo parece que en esos casos el doctor Castresana y su equipo no son tan diligentes como en otros, a pesar que varios de los hechos denunciados caen precisamente dentro de su mandato. Lo cual ha generado algunas críticas a la gestión de la CICIG, las cuales son interpretadas como campañas negras, descrédito e intoxicación (‘Prensa Libre’, 15-03-2010).
Los guatemaltecos que somos víctimas de la criminalidad –7 de cada 10 familias son afectadas–, no deseamos la deslegitimación o mucho menos el fracaso de la CICIG. Es propicio entonces sugerir al doctor Castresana que evite tomar la ruta que perdió a Jean Arnault (ex Minugua). Fue tan grave y cuestionada la actuación de este grupo, que el periódico inglés Manchester Guardian lo calificó como el primer escándalo del período de Kofi Annan.
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