El lavado de dinero es el verdadero motivo por el cual vale la pena volverse criminal.
El fiscal Castresana denunció esta semana que existen dos tipos de redes criminales en el país y que las redes que involucran a miembros de la clase política son las más peligrosas. De ser esto cierto, pareciera que debemos meter a la cárcel a toda nuestra clase política y buscar un nuevo liderazgo en otros sectores ciudadanos. ¿Es este el diagnóstico y la medicina correctas para combatir la impunidad en nuestro país?
Veamos. En primer lugar, es cierto que toda red criminal enquistada en la política (y los órganos de Gobierno) es más peligrosa que las redes que actúan paralelamente a la estructura del Estado. En eso no se equivoca el señor Castresana. Pero sus palabras pueden adquirir un sentido menos claro si se entienden como una simple condena a la clase política en general. Es decir, si interpretamos que los políticos son criminales y que acabando con ellos acabamos con la criminalidad.
Algunos medios y buena parte de la elite económica quisieran que esa fuera la única interpretación correcta de lo dicho por Castresana. Acostumbrados a crear una conciencia ciudadana contra la clase política (una vez más, “bola de shumos y corruptos”), tal pareciera que el jefe de la CICIG les estuviera dando la razón de manera inobjetable. Sin embargo, ¿qué pasa si esas redes criminales enquistadas en la política y el Gobierno también han involucrado e involucran a personalidades de nuestra elite económica y mediática? ¿Qué pasa si interpretamos como redes criminales a todos aquellos que cometen delitos de cuello blanco (corrupción, evasión tributaria, fraude aduanal y contrabando, etcétera)?
Si seguimos investigando por esa línea descubriremos que el lavado de dinero (la verdadera razón por la cual hay criminales en el país) no sólo es una práctica que escuda a narcotraficantes y políticos corruptos, sino también a personajes de nuestra vida social que pasan por dignos ciudadanos en los medios de comunicación. Y el lavado de dinero es el verdadero motivo por el cual vale la pena volverse criminal: porque al dinero mal habido se le puede dar un color blanco inocente a través de operaciones financieras totalmente legales en este momento.
Ojalá la CICIG dedique más tiempo al desmantelamiento del marco normativo e institucional que permite blanquear el dinero mal habido. Porque mientras Castresana captura a un político delincuente, miles de otros miembros de redes criminales de cuello blanco andan libres y gozando de sus ganancias ilegales gracias a un sistema normativo financiero que les garantiza riqueza y honorabilidad.
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