Jazz en su línea experimental y fusión fue lo escuchado en la segunda jornada y recta final del X Festival Internacional de Jazz...
Jazz en su línea experimental y fusión fue lo escuchado en la segunda jornada y recta final del X Festival Internacional de Jazz, que se realizó en el IGA, y que concluyó anoche.
Un concierto que ameritó ojo fue el del miércoles 10, a cargo del pianista Bojan Z, y el saxofonista de largas jornadas, Julien Lourau. Son cómplices musicales desde hace 21 años. Ambos se guardan mucho respeto. En su concierto, de alto registro, dio la impresión de estar frente a un diálogo inteligente de piano y saxofón. Un piano, que marcha veloz, elegante e intenso por los caminos del jazz más conspicuo de su historia hasta la de algunos jeques de la música clásica, Debussy o Stravinski. Ambos son maduros en ese contexto y reflejan siempre esa diversidad de influencias, incluso las latinas. Hubo partes melódicas muy líricas como también explosiones a la manera de free jazz. Es lo que hoy da en llamarse modern creative, donde los músicos incorporan el free pero dentro de una forma estructurada.
Al día siguiente, jueves 11, le tocó el turno al trío Ric Fierabracci al bajo, Fernando Martín a la batería y Donald López en los teclados. Fue una noche que dejó exhausto al público de fusión, con acercamiento al rock y a lo latino. Hubo temas que el dueto ha tocado desde hace años como Got A Match, Nothing Personal, como también nuevas: el Tema de Mario Bros. y Frevo, aunque con una lectura superficial. Fierabracci es un bajista flexible y con frases complejas, que acierta en el contraste de tiempos y que no aceptó menos de su compañero en la batería. En cuanto a López, posee una velocidad inusitada en los dedos, pero ese chorro de notas no encuentran sustento.
Sobre el trío italiano del pianista Roberto Negro que subió al escenario el martes 16, fue en verdad una sorpresa. Lo suyo tiene que ver también con el modern creative, y explora por diferentes coloraciones rítmicas e influencias, incluyendo la música clásica y el rock. Estos jovencitos portan un sonido fresco, con una dinámica bastante atípica y efectiva. Hay que subrayar la labor de Negro y del batería Adrien Chennebault, que puede enfatizar, abrigar o colorear las piezas de forma insospechada e inesperada. Sin duda, estos estilos resultan duros para aquel que se aproxima por primera vez a un concierto de jazz, pero también es cierto que muestra un panorama poco conocido en conciertos y en radio.
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