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Guatemala, viernes 19 de marzo de 2010

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Opinión:

Del buen tesoro

Ver para creer.

Jorge H. López

Fuente menor Fuente normal Fuente grande

Es doloroso cuando se pierde a un ser querido, pensamos que somos los únicos, pero debemos saber que son esos momentos que, en la vida, experimenta todo ser humano. Todos, tarde o  temprano, tendremos ese sufrimiento. Para muchos queda el remordimiento por no haber atendido en toda su dimensión a esa persona que ya partió para siempre, por eso debemos ser consecuentes con nuestra realidad y no dejar en lo intangible lo que pudo haberse hecho en vida, como nos dice la poetisa Ana María Rabatté, fallecida en Tamaulipas, México, en febrero pasado: “Si quieres hacer feliz a alguien que quieras mucho, díselo hoy, sé muy bueno. En vida, hermano, en vida. No esperes a que se mueran, si deseas dar una flor mándala hoy con amor… No esperes que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu afecto. En vida, hermano, en vida… Nunca visites panteones ni llenes tumbas de flores. Llena de amor corazones, en vida, hermano, en vida”.


Es grande el dolor que causa toda pérdida, tanto más de un familiar, como sucede en esta época en que la violencia está generalizada, mejor dicho, globalizada. Duele la pérdida de un negocio, como de un bien material. Muchos de estos casos producen varios estados de depresión, una enfermedad que afecta el estado de ánimo, la manera de pensar, dormir y concebir la realidad, se pierde la autoestima, en este caso se necesita de atención. Cabe decir que aparte es la tristeza, pero dejando su extensión puede llegar a extremos patológicos por el abandono en el que se cae.
Uno de los síntomas de esa dolorosa condición es la incredulidad que es el rechazo a aceptar, creer lo que está sucediendo en el entorno, la fuga geográfica o el encierro. Es un choque emocional y es en ese proceso cuando tenemos que acompañar a aquel que sufre, hasta que llegue el momento de la aceptación de la realidad, reconocer lo sucedido y que tenemos que vivir con esa pérdida.


Bíblicamente tenemos un caso que se recuerda con mucho énfasis en estos días de la Semana Santa. Los discípulos de Jesús se encerraron evitando la persecución a la que fueron sometidos después de la muerte de su maestro. Uno de ellos, Tomás, se apartó del resto y vivió momentos depresivos extremos, por eso no estuvo presente en la aparición del Señor y fue incrédulo del acontecimiento. Su actitud lo condujo a no aceptar la realidad y no creer en la aparición y condicionó la certeza hasta que viera la marca de los clavos y metiera su dedo en ellas. Y así como ese discípulo somos nosotros, no creer hasta no ver. Y por esa incredulidad de lo que nos está pasando, por el mucho dolor que experimentamos nos alejamos de los grandes momentos, los que perdemos por nuestra actitud hasta cierto punto derrotista, aunque totalmente humana.


Existe el conocimiento por los sentidos y el conocimiento por revelación. Estamos acostumbrados al conocimiento por los sentidos. En las universidades nos condicionan a pensar y a prepararnos para ver todo a través del método científico, a probar todo en el laboratorio. Pero el aire existe, ¿se ve el aire, el origen de la luz, el origen del movimiento, el pensamiento? ¿Podemos decir que el pensamiento, la conciencia tienen tal forma, tal color? Tomás creyó y fue fiel hasta el final, nosotros tenemos una creencia, a propósito de esta fecha, Jesucristo resucitó al tercer día de su muerte y ahora está sentado en el trono a la derecha del Padre nuestro que está en los cielos. Somos dichosos porque creemos sin haber visto. Sufrieron la muerte de Jesús, pero ahora en cambio nos gozamos de su resurrección, aceptamos la realidad. La mejor manera de evitar la enfermedad depresiva y tristeza profunda por la muerte de un ser querido es aceptar el suceso, confiar que nuestras paz viene de Dios. Es ver para creer, sino creer en lo que se manifiesta en nuestra vida.

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3 comentarios:

  1. Ramiro Asturias Zamora: (2010-03-19 16:57:20 horas)
    Sr. J. H. O. P., "4 caminos hay en mi vida, cual de los 4 sera el mejor?" Decia una bonita cancion mexicana. Otra decia: "En una noche tenebrosa y fria, cuando yo andaba cerca de un camposanto, oi una voz que de pronto me decia: -Adonde van los muertos... quien sabe a donde iran." Para empezar, antes de nacer aca, nuestra vida espiritual pre-existente fenece! Luego al perecer fisicamente nuestro cuerpo mortal, nuestro espiritu va reunirse con los demas en el mundo de los espiritus (o fallecidos, entre ellos los espiritus encarcelados desde antes del diluvio, a quienes visito Jesucristo luego de entregar su propia vida) a esperar la Resurreccion Universal. Otros son trasladados sin morir, como Enoch con todo y su familia y pueblo, y Elias. Y aun los hay que ni mueren, ni son trasladados, solo se les transforma para que sigan viviendo aca: Cain, Juan el discipulo amado, y los tres apostoles nefitas. Jesucristo, luego de resucitar y efectuar Su Ministerio en las antiguas Americas, ya no hubo de volver probar de la muerte temporal, sencillamente volvio a la diestra de Nuestro Padre Celestial, en Su Reino por Kolob, desde donde prepara moradas eternas para sus seguidores y amigos. Concluyendo, NO hay un lugar llamado 'infierno,' o 'Hades', etc. Es una condicion de exclusion de la sublime posibilidad antedicha; una especie de exilio eterno lejos de la Luz.
  2. Julio Humberto Oliva Priego.: (2010-03-19 12:15:02 horas)
    Yo creo que la mejor manera de evitar la enfermedad depresiva y la tristeza profunda, por la muerte de un ser querido no es solamente aceptar el suceso, y confiar que nuestra paz viene de DIOS, sino lo que realmente nos va ayudar a evitar ambos estados mentales negativos, es la certeza que tengamos de a donde irá el ser querido que, físicamente hemos perdido, si al Cielo o al infierno. Son los dos únicos caminos que existen para todo ser humano, después de esta vida. Y si sabemos que irá al Cielo, no tenemos por qué estar tristes ni mucho menos deprimidos, pero si sabemos que se fueron sin CRISTO y sin esperanza de una Vida Eterna, entonces si tendremos razones para preocuparnos por su fatal e infernal final. Por eso la tarea de todo buen cristiano es, procurar con mucho amor y sabiduría de lo alto, que a todos los seres humanos que podamos, les hablemos de estas cosas, es decir del Plan de SALVACIÓN que DIOS diseño: "Que si confesares con tu boca que JESÚS ES EL SEÑOR, y creyeres en tu corazón que DIOS le levantó de los muertos, serás Salvo". Romanos capítulo 10 y versículo 9. Amén.
  3. Blanca Odilia Alfaro: (2010-03-19 11:51:38 horas)
    Gracias pastor por seguir llenando nuestras vida de palabras que nos recuerdan que solamente debemos creer en El que hizo los cielos y nos creo a nosotros tambièn que no importa la violencia tan grande que hay ahora siempre hay quièn nos cuide no la policìa no el presidente que va protegido entre carros y motos de la policìa si no es Dios y no estamos desprotegidos a la orden de los criminales.
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