Según el Banco de Guatemala (Banguat), al 31 de enero de 2010, la deuda pública interna de Guatemala se situó en Q30 mil 437.8 millones...
Según el Banco de Guatemala (Banguat), al 31 de enero de 2010, la deuda pública interna de Guatemala se situó en Q30 mil 437.8 millones, en tanto que, al 31 de diciembre de 2007, se situaba en Q24 mil 191 millones. Es decir que entre el 31 de diciembre de 2007 y el 31 de septiembre de 2009, aumentó Q6 mil 246.8 millones, o sea un 25.8 por ciento.
Asimismo, de acuerdo con información del Banguat, la deuda pública externa de Guatemala, al 31 de enero de 2010, se situó en US$5 mil 257.9 millones, es decir, aproximadamente Q42 millardos, en tanto que, al 31 de diciembre de 2007, se situaba en US$4 mil 226 millones, o sea que aumentó US $1,031.9 millones, o sea un 24.4 por ciento.
Actualmente, se debate en el Congreso la aprobación de nuevos préstamos para cubrir el déficit fiscal, derivado de la ejecución de un presupuesto de más de Q50 millardos, que el Ejecutivo pretende financiar a base de un mayor endeudamiento público y de nuevos impuestos.
Se estima que la deuda pública de Guatemala con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) es del orden del 25 por ciento. O sea que el endeudamiento público, poco a poco, se ha ido convirtiendo en una pesada carga para la población. Por supuesto, mucha de esa deuda pública se ha destinado a gasto estatal corriente (burocrático) y a puro despilfarro de corte populista (¿o corrupción?), y no a inversión social con rentabilidades determinadas o determinables. Es decir, que para satisfacer las necesidades consumistas del presente, se ha hipotecado el futuro de la nación.
Para este año se anticipa la contratación de un nuevo tipo de deuda pública externa, a través del programa denominado Petrocaribe, que promete un crédito blando. La justificación detrás sigue siendo que Guatemala aguanta con más deuda encima.
Sin duda, los politiqueros se apegan a pie juntillas al dicho popular que reza: “Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”.
¿No habrá llegado el momento de limitar constitucionalmente el endeudamiento público y que sea obligatorio el equilibrio presupuestario y la disciplina fiscal?
Francamente, ¡qué miedo que los politiqueros del Congreso constantemente estén jugando con nuestro futuro!
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