(Sesabe que esta palabra denota lo físico; generalmente lo facial. De allí fisonomista, que deriva del griego physiognÔmon: “el que sabe juzgar la naturaleza de una persona por sus facciones”)
A mí siempre me gustó este asunto y, sin quererlo, fui aprendiendo la conducta fisionómica, que probablemente entraría dentro de los estudios de la caracterología. Yo soy psicólogo y, en mis estudios, me atrajeron mucho las pruebas gráficas con que se sondea la conducta humana y me he permitido también usar como instrumento lo que en una larga vida, como la mía, se aprende por experiencia y muchas lecturas. El mediano conocimiento que tengo de la grafología es otra herramienta que me ha sido útil.
Ahora bien, lo que primeramente quiero enunciar, en forma directa, es lo que he analizado en la persona que traicionó al noble presidente Allende y que impartió órdenes de eliminación de miles de chilenos de gran valía. Este dictador, para empezar, tenía baja estatura, por lo que lo más probable es que buscara sobrecompensación. Tenía –lo que empeora su perfil psicológico– una voz chillona y, por ende, una risa igual de fea. Casi siempre miraba para abajo (muy mal indicio, porque no era tímido, sino calculador, artero y megalómano), de muy baja (*) cultura, además. Las comisuras bucales y la línea de la boca estaban hacia abajo, aparte de recoger la parte del mentón hacia arriba: inequívocas características del que desprecia profundamente. Sus movimientos eran coléricos cuando no se le atendía o algo le molestaba. Era, como buen megalómano, autoritario, imponente, prepotente y muy alejado del mínimo conocimiento filosófico, digamos. Lo recuerdo a él –me estoy refiriendo a Augusto Pinochet– y su séquito de golpistas en las primeras fotos que les tomaron con anteojos oscuros al estilo gángster. Todos, por supuesto, con carencia de simpatía.
Cómo lamento que Allende no se hubiese dado cuenta de quién era este individuo. Yo, cuando Allende estaba en el poder y nombró al potencial criminal Augusto Pinochet en el máximo puesto militar de su gobierno, los vi en un noticiario –acompañados de Fidel Castro–. Pinochet era sólo amabilidad y sonrisas. En lo que vi en esa oportunidad, y como fisonomista, me di cuenta de quién era y quise escribirle a Allende sobre esas percepciones. Lamento también no haberlo hecho.
Pero en realidad lo que deseo exponer en este pequeño trabajo es la característica de mayor peso que yo encuentro en personas de mente criminal o malévola, y que se extiende a otros políticos de importancia internacional; tan dañinos como el propio Pinochet. Me refiero a la estrechez de espacio entre un ojo y el otro (llamémosle “oji-junto”). Creo que es lo fisonómico más determinante. Tan sólo hacer mención de otros que también acusan esa peculiaridad creo que será suficiente para hacerse una idea de lo real que esto parece ser; a saber: el monstruo criminal de los EE.UU. Manson, el ex presidente Bush, el ex presidente Aznar de España, y, cercano, anda Uribe; todos peligrosísimos por el gran poder que han poseído. El mundo es testigo del mucho daño que, en mayor o menor grado, hicieron –y hacen– a la humanidad. En Guatemala, por lo menos ha habido tres presidentes “oji-juntos” y un importante líder de la derecha ultraconservadora también poseyó esa gracia.
Sería bueno –lástima que casi es imposible– que los ciudadanos del mundo adquieran conocimientos de fisionomía mejores que los que yo tengo, para evitar, en el futuro, las dañinas secuelas que dejan y el sufrimiento directo que causan quienes en su fisonomía tienen algo de lo mencionado.
(*) tenía una de las bibliotecas más opulentas y completas de América Latina, y la prensa informó que quemó varios libros de pintura de Braque y Picasso porque le dijeron que estos eran ‘cubistas’.
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