Hace unos 20 años, Donald Chen de Hong Kong visitó China continental por primera vez. Se sorprendió ver a un grupo de ancianos y niños esperando que él terminara su almuerzo para poder pelearse las sobras. Esta anécdota es historia ya que hoy por hoy no se mueren de hambre, pese a que todavía existen unos 700 millones de chinos considerados pobres.
Mucho se ha escrito sobre el éxito de los Tigres asiáticos (Korea, Singapur, Taiwán) considerados “derechistas”. Pero hemos hecho todo lo posible por no imitar sus prácticas debido al pensamiento conservador que representan estos países. Entonces qué podemos aprender de los chinos comunistas, cuya ideología debiera ser aceptada por las elites izquierdistas de nuestro país.
China ha basado su desarrollo sostenible en que el bien común debe prevalecer sobre el particular. Y aunque los métodos para alcanzar esta premisa han generado muchas críticas internacionales por no permitir “libertades” occidentales, China ha logrado que el progreso de todos sea más importante que el de unos pocos. La ideología comunista dio paso a un pragmatismo sencillo: la pobreza se ataca con riqueza, y para generarla se necesita actitud, voluntad y orden. La riqueza y el bienestar no se pueden fabricar y repartir a todos por igual. Han descubierto, en carne propia, que sólo el individualismo permite que cada quien se esfuerce por aquello que desea alcanzar en esta vida. Es por eso que China ocupa en la actualidad el segundo puesto en número de billonarios. Esto se debe a que el Estado ha emprendido una estrategia de permitir que existan individuos muy exitosos, que de alguna manera arrastren con su riqueza a miles que no han sido tan beneficiados.
Y mientras China saca de la pobreza a 700 millones de sus habitantes, nosotros seguiremos permitiendo que nuestros 13 millones de chapines sigan sin un futuro prometedor. Hablar hoy de China será considerado arrogante por unos, e idealista por otros. Pero en ambos casos estaríamos perpetuando el statu quo y evitaríamos una necesaria plática sobre el éxito, comprobado a nivel mundial, que ha tenido China y que debemos imitar. ¿Será que mantendremos nuestra eterna muralla protectora contra el éxito, compuesta y reforzada por ataques y criticas personales? Mejor debiéramos de permitir que ideas y prácticas novedosas nos “invadan” y nos permitan avanzar en vez de retroceder.
Así como la muralla es un recordatorio antiguo de una etapa complicada en la historia de China, así debemos nosotros tratar nuestra lucha ideológica que tanto daño nos ha traído. No olvidemos, pero no nos estanquemos. Creamos en mejores opciones. Hay casos dignos de imitar, dejémoslos entrar en nuestra vida. Dejemos que las ideas traspasen nuestra muralla chapina, sin importar quién las trae. (loquehacefalta@itelgua.com)
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios: