Se trata de una política pública sin presupuesto sufiente.
Rosalinda Hernández Alarcón
Constituir una instancia gubernamental específica que busque el desarrollo de los pueblos indígenas, sin duda, es una iniciativa que verán con buenos ojos quienes trabajan por erradicar la discriminación y el racismo en Guatemala. Al conocer la propuesta para que dicho ente adquiera el rango de Secretaría –adscrita a la presidencia de la República– entonces se descubre que sus alcances son limitados. Pero al analizar la intención de convertir a la Defensoría de la Mujer Indígena (Demi) en una subsecretaría, es evidente que el personal encargado de diseñarla demuestra sus sesgos machistas. Con base en la experiencia que ha significado la Secretaría Presidencial de la Mujer (Seprem), es importante señalar que si bien esa institución cuenta con una política nacional que incluye planteamientos de la sociedad civil, esta tiene enormes limitaciones para su ejecución porque el aparato gubernamental carece de planes con enfoque de género. Una política pública sin presupuesto suficiente, con funcionarios que invisibilizan las demandas de las mujeres e instituciones reacias a suprimir los orientaciones patriarcales, definitivamente no garantizan los derechos a la población femenina. Es lamentable que los asesores a quienes se les encargó el diseño de la Secretaría de Pueblos Indígenas repitan una misma receta, igual lo hicieron cuando consideraron pertinente que el Presidente de la República suscribiera la Política de Desarrollo Rural Integral. Así, esta sólo se convirtió en un documento sin resultados, ya que no se traduce en beneficios para la población por carecer de presupuesto, instituciones y personal idóneos para su ejecución. Actualmente la Demi pertenece al organigrama de la Presidencia de la República, antes estuvo subordinada a la Comisión Presidencial para los Derechos Humanos (Copredeh) y ahora de nuevo se sugiere que se convierta en subsecretaría. Hay que decirlo llanamente, esta iniciativa de “reordenamiento institucional” bajaría el rango a la única entidad que funciona contemplando las especificidades de las mujeres indígenas. Por más que se diga que se pretende elevar su jerarquía, la verdad es que la debilitarían. Esto lo tienen muy claro las lideresas indígenas y sus aliadas, quienes de inmediato manifestaron su rechazo a tal iniciativa. Sus protestas ya se escucharon, lo importante a resaltar es que ellas cuentan con una rica experiencia de lucha a favor de una institucionalidad del Estado que contemple las necesidades e intereses de las mujeres, según su etnia, edad, ubicación geográfica, etcétera.
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1 comentarios:
sergio licardie V: (2010-03-20 11:30:56 horas)
Indudablemente que destaca toda una filosofía de machas tratando de justificar su sexismo. El otro día pregunté porque en una oferta de empleo de UNESCO solamente necesitaban trabajadoras mujeres y además universitarias. La respuesta natural el sexarismo y el sectarismo. El nivel universitario implicaba además que el problema de la mujer indígena se maneja como bandera política de sacrificio y lucha para las indígenas y como chamba para las que las manipulan desde una izquierda que se aferra a conceptos que la izquierda marxista no publicita y que la nacional no supo interpretar a tiempo. Por supuesto no reconocen ni el error, ni la derrota, solo que aumentan las victimas como bandera. Como estamos en el CHAMBITALISMO la protesta es chambista y burocrática, van a reclamar chamba y sillas en el palacio verde. El problema de la mujer indígena, principalmente su explotación, segregación, comportamiento de sexo, social y económico tiene origen principalmente en las culturas indígenas. Las patojas indígenas huyen en una ruta que las lleva a otros ambientes y otras culturas, conservarán los trajes pero no los hábitos, parte de la lengua, pero empiezan procesos de latinización y migración femeninos que son distintos a los de los hombres. La lucha por posiciones burocráticas indígenas es más sexista, fuerte, interna y culturalmente en el sector indígena que externa de captar posiciones en el país dentro de las estructuras evolucionadas del gobierno colonial y liberal. Así que si el gran brujo nacional y el brujo embajador se pusieron de acuerdo y un puesto burocrático cambia de nombres, no tiene importancia para las dinámicas nacionales indígenas, que son mas favorecidas que las ladinas desde el punto demagógico y de acción del gobierno. Basta con ver las estadísticas de la educación en las áreas indígenas para comprobar esta aseveración. Que no son los datos de regalar dinero o de comprar posibles votos sino de niños y niñas en las escuelas. Aunque para protestar mediáticamente es suficiente con una foto, Las necesidades de solución a los sectores indígenas, hombres y mujeres, son las mismas que las de otros sectores nacionales y no se trata de conceptos sesgados como el del final de las expresiones de la autora Dice ----- ellas cuentan con una rica experiencia de lucha a favor de una institucionalidad del Estado que contemple las necesidades e intereses de las mujeres, según su etnia, edad, ubicación geográfica, ------ Sacarlas a manifestar y hacer una alharaca citadina, asustando a pusilánimes novatos, no es tener experiencia.
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