"Para los guatemaltecos el pecado comienza en el ombligo y termina en la rodilla”, dice un sacerdote. “Para los católicos el pecado es negociable” cuenta un evangélico. En época de cuaresma, cuando todo el mundo se preocupa más por el pecado, surgió la pregunta, ¿qué es pecado para los chapines?
“Mi hija cometió un pecado terrible”, me dijo en un susurro, yo pensé instintivamente en un asesinato y se me erizó la piel. La mujer del cabello encanado tendría unos cincuenta años, quizás menos, pero su rostro estaba trazado por líneas horizontales que por momentos se volvían pliegues profundos. No había nadie más en la iglesia. Las bancas de madera se alineaban una tras a otra, bajo un silencio sepulcral. “¿Viene a hablar con el padre?, ¿se va a confesar?”, me preguntó. Le contesté que le cedía mi turno, lo de ella parecía más urgente. “Ya no debe tardar en venir, fue a almorzar”, me informó y acto seguido bajó la mirada y empezó a repetir una oración con tanta velocidad que era difícil distinguir las palabras. Sus ojos se fueron llenando de lágrimas y yo preferí alejarme. Media hora después la señora salió con los ojos secos. “Yastuvo” me dijo con una sonrisa que acentuó aún más las arrugas de su cara, “le toca”. Sentí curiosidad y le pregunté por qué estaba tan tranquila, si apenas hacía unos minutos estaba ahogada en llanto. “Es que ya me explicó el padre que no es pecado lo que hizo mi hija”.
“Para el guatemalteco el pecado empieza en el ombligo y termina en la rodilla”, les dice un sacerdote a sus fieles. La semana pasada cerca de siete mil jóvenes prometieron castidad en un acto público. Querían mantenerse libres de pecado. “Vivís en pecado” le dicen a las parejas que conviven sin casarse. “Han reducido el pecado a la sexualidad”, explica el teólogo Herbert Álvarez, “y eso es un problema serio, porque van arrinconando cada vez más el pecado a lo individual y no a lo social”.
“Lo que pasa es que los católicos creyeron que el pecado de Adán y Eva fue el sexo”, dice Fernando Mazariegos, pastor evangélico, “esa es una de las razones por las que se aboga para que el sacerdote y las religiosas se mantengan castos.
Malinterpretaron el pecado, porque el pecado de Adán y Eva fue la desobediencia, no el sexo; voltearle la espalda a Dios los convirtió en pecadores”, explica. “Relacionamos el pecado con el sexo por la cultura católica en la que vivimos” cuenta Samuel Berberian, doctor en religión, “pero en ningún lado en las escrituras dice que el sexo es el pecado original. Históricamente eso no está probado”, comenta.
En la iglesia que pastorea Mazariegos el sexo no es pecado. “Yo le digo a la gente que uno no sólo en el templo alaba a Dios, yo alabo a Dios cuando tengo relaciones sexuales sanas con mi esposa. Las viejitas ponen los pelos de punta, pero es así, yo tengo relaciones sexuales con mi esposa para la gloria de Dios”.
“En el juicio final Dios no va a preguntar cuántas veces te masturbaste”, comenta Álvarez, “va a preguntar si cuando tu prójimo tenía hambre le diste de comer, si cuando estaba desnudo le diste vestido”.
Entonces en la mentalidad del guatemalteco en general, el sexo es un pecado. Pero no sólo es eso.
“Para definir qué es pecado para los guatemaltecos, primero tenemos que definir la imagen que tienen de Dios”, explica Álvarez, profesor de teología en la Universidad Rafael Landívar, “y el guatemalteco normalmente tiene una imagen de un Dios castigador, capitalista, policía y bombero”.
En ese sentido, explica Álvarez, el guatemalteco piensa que un pecado es una acción que le hace daño a Dios. Recuerdo cuando de pequeña, la maestra me decía, “si decís mentiras Diosito se pone triste”, en la mentalidad chapina la ofensa no es para el prójimo, ni para uno mismo, sino para Dios.
“A Dios ni le va ni le viene, somos nosotros los que nos hacemos daño”, opina Carlos Martínez Ocrassa, profesor de la Universidad Rafael Landívar. “Tenemos una imagen de un Dios que está pendiente de ver en qué momento nos salimos del guacal, un Dios que está con un palo viendo cómo regresa a los que se quieran salir y eso es porque concebimos el pecado desde un sistema jurídico. Nuestra sociedad ha sido educada en un concepto jurídico del pecado, el guatemalteco piensa que es pecado lo que está prohibido y las leyes son no matar, no robar y no sexo y ahí se reduce el universo de los pecados para la mayoría de gente”. Martínez le preguntó a sus alumnos qué era pecado. La mayoría, dice él, respondieron que era violar una ley divina. “Es un concepto totalmente externo a la persona, impuesto y no interiorizado. Entonces si la gente se libera de las tutelas exteriores tira a la basura todo lo que le han enseñado”.
¿Por qué hay que usar el cinturón de seguridad?, le pregunto a un grupo de amigos: “porque si no te ponen una multa”, contestan todos. Cumplimos la norma porque es una ley, no porque razonemos que con el cinturón puesto hay menos chance de acabar estrellado contra el pavimento, algo así pasa con los pecados. “Lo ideal sería no hacerlo porque es una ley, sino porque el amor nos dicta que no es bueno hacerlo”, explica Martínez.
Nos ponemos el cinturón por miedo al castigo; con los pecados, al parecer, pasa lo mismo. “Somos hijos de una sociedad represiva, la historia de Guatemala es una historia dolorosa de dictadura, que genera lógicamente personas miedosas y reprimidas”, comenta el Padre Cirilo Santamaría. “Tenemos que reconocer que la Iglesia en muchos momentos ha enviado un mensaje de terror y de castigo, la amenaza de un Dios castigador. Es una coincidencia entre una experiencia socio cultural de represión y amenazas que ha venido a legitimar una experiencia de fe con el mensaje de un Dios castigador”.
¿Por qué no hay que pecar? Tres adolescentes, a la salida de un colegio evangélico no se toman ni un segundo en meditar la respuesta: “porque te vas al infierno”, dicen a coro. Detrás una niña se ríe por lo bajo, “el infierno no existe, no hay que pecar porque hacés daño a los demás”, sale a aclarar y sus compañeros achinan los ojos y asienten con las cabezas.
“En Guatemala el pecado ha sido utilizado como mensaje de terror para que la gente se convierta. Y eso es totalmente contrario a lo que quería Jesús, la misión de Jesús era el anuncio del reino de los cielos”, comenta Álvarez.
“En Guatemala tenemos un problema definiendo esto”, cuenta Juan Callejas de la iglesia evangélica Casa de Libertad. “Por un lado, tenemos quienes limitan la definición del pecado a los ‘grandes males sociales’ (injusticia, pobreza, desnutrición, crimen, narcotráfico, etcétera). Por otro lado, está quienes consideran que el pecado son sólo aquellas fallas morales gravísimas (asesinato, infidelidad, violación), y entonces nos disculpamos o nos consideramos ‘buenos’ quienes no participamos de esto y no tomamos en cuenta nuestro pecado diario. Y está quienes reducen el pecado a trivialidades como romper la dieta (‘hoy voy a pecar’, dicen muchos cuando van a comer algo ‘indebido’). Por último, diría que están los legalistas para quienes todo es pecado (bailar, tomar, ver TV, ir al estadio) y que a partir de una confusión de la doctrina del pecado y el evangelio, pasan a reforzar un moralismo basado en reglas humanas autoimpuestas que son una exageración o mala comprensión de lo que está en La Biblia”.
Los pecados se modifican con el paso del tiempo. Antes, para los católicos era pecado comer carne los viernes de cuaresma, ahora El Vaticano ha dicho que no lo es. Los evangélicos de las anteriores generaciones pensaban que era pecado participar en política, ahora hay líderes políticos protestantes. A pesar de que en Estados Unidos los protestantes eran activos en las cuestiones de Estado, en Guatemala no participaban en política. ¿Por qué pasó eso? Para entenderlo hay que volver a 1882, cuando Justo Rufino Barrios peleaba constantemente con los católicos. Expulsó a los jesuitas y trató de limitarle el espacio al clero. La Iglesia tenía una activa participación en política y eso a Barrios le crispaba los nervios. Así que decidió ponerles competencia.
“Barrios fue personalmente a traer al primer misionero presbiteriano y le dijo: vas a hacer tu labor aquí, pero con una condición, no te vas a meter en política, así fundan la primera Iglesia Presbiteriana en Guatemala, la que está detrás del Palacio”, cuenta Mazariegos. “Barrios quería contrarrestar el poder del clero, pero no para dárselo a los presbiterianos, así que el misionero les hace creer a sus fieles que meterse en política es pecado. A veces razones políticas determinan qué es pecado”, agrega.
Muchos protestantes consideran que es pecado bailar, fumar o beber alcohol, lo cual tiene también un origen antiguo, según explica Mazariegos: “En 1932 entró la Iglesia pentecostés tradicional, ellos se radicalizan más. Ya no sólo era participar en política, tampoco se podía bailar, tomar y fumar. Pero los evangélicos en Estados Unidos sí bailaban, ¿por aquí no? Aquí entran algunos elementos racistas. Los misioneros que venían decían: “nosotros tomamos vino porque somos de una sociedad desarrollada, pero el indio se emborracha”, entonces decidieron prohibirlo, volverlo pecado. Nos compartieron su fe, pero se salvaguardaron en algún momento diciendo: algunas cosas nosotros las hacemos por nuestra cultura, pero ustedes abusan. En 1976 llegan a Guatemala otras iglesias, las carismáticas o neopentecostales, que rompen con los paradigmas impuestos desde 1932”.
Antes incluso se llegó a considerar pecado jugar fútbol, “Le decían ‘patear al güegüecho del diablo’”, comenta Mazariegos.
El que peca y reza empata
¿Qué es pecado para el chapín? “Se lo voy a explicar con un ejemplo” dice Samuel Berberian, “para el guatemalteco si su mamá roba no es pecado, pero si su suegra roba entonces sí es pecado y que se vaya al infierno”. Se me viene a la mente una dependienta de una tienda que no tenía el producto que yo buscaba: “es que fíjese que sí había, pero estuvo en oferta y se acabó, pero ya pedimos hace rato, pero que si el camión se descompuso y no nos lo han traído”. O el alumno en el colegio: “es que no pude hacer el deber porque viera que mi hermanita se cayó en el jardín y como estaba va de llorar no me pude concentrar”. Es decir, nos justificamos en todo, para todo hay una explicación, lo mismo para el pecado.
“Llegan incluso a cosas tan absurdas como ‘es que el diablo me empujó la mano’”, cuenta Mazariegos. “Esa es una de las grandes diferencias entre católicos y evangélicos. El católico relativiza el pecado, qué es pecado, depende de quién lo cometa. Podemos decir que somos el 40 por ciento o el 60 de evangélicos, pero muchos de ellos siguen siendo católicos.
La cosmovisión no les cambia y para ellos el pecado es muy relativo, mientras que para el protestante los criterios de los pecados son absolutos”, explica.
“Los protestantes reconocen reglas y las cumplen, punto”, opina Berberian, “un católico da excusas, que es muy chiquito, que es muy viejito, que está enfermo; error es error. El católico predica la tolerancia, no la regeneración”, agrega.
¿Qué acciones son pecaminosas pero no las vemos como tales? El padre Santamaría cuenta que los pecados más confesados son situaciones que tienen que ver con relaciones interpersonales, peleas o discusiones con los padres, los hijos o los hermanos, “cosas que no son materia de pecado”, aclara, pero los que nunca son confesados son pagar bajos salarios a los empleados, corrupción en la oficina, o atropello a los derechos humanos. “Hay una carencia total de pecado en la dimensión social, pública y legal”, explica el sacerdote. “El guatemalteco tiene una concepción del pecado muy moralizante y muy devocional”.
“Para Dietrich Bonhoeffer una falta de ética era la pasividad”, explica Mazariegos. “La realidad de insensibilidad y de parálisis que se vive ante la espiral de violencia es una situación de pecado”, explica el padre Santamaría.
Entonces resumiendo, el pecado para los guatemaltecos es: hacerle daño a Dios, algo que se puede negociar, el sexo, las leyes violadas o el miedo a un castigo.
Mazariegos recuerda que un maya Q’eqchi’ le hizo la misma pregunta: “¿Qué es pecado?”, el pastor le respondió, “pecado es hacerle daño a los demás”. “Mirá que sos bruto”, le dijo entre risas el hombre, “pecado es tener el corazón negro”. Mazariegos reflexionó, “en la tradición Q’eqchi’ el pecado no es lo que hacemos sino lo que somos en esencia”. En ese sentido una madre que roba para alimentar a sus hijos, ¿es pecadora?, si en esencia es buena y su corazón está limpio, quizá no lo sea.
“En un centro comercial hay una tienda donde venden pasteles súper decorados y sofisticados… para perros. Eso es pecado”, cuenta una joven de 24 años.
“Pecado es que los niños se mueran de hambre en el Corredor Seco”, cuenta una mujer de 55 años. “Pecado es que cada día muera un piloto y no hagamos nada”, dice su marido. Y para usted ¿qué es pecado?
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
59 comentarios: