Sin presente, no podría haber ningún futuro ¿Cuándo, si no, habría de construirse? ¿Qué cosecha podría pretender quien no sembrara? En la Guatemala olvidada se está gestando –hoy– el posible futuro de aquellos que nunca lo han tenido, atrapados en el círculo vicioso –y fatal– de la miseria y, también ¡así de claro! el de todos. ¿Podría concebirse, acaso, una sociedad que fuese capaz de alcanzar seguridad, si carece de Justicia? ¿Sería concebible siquiera, si está rodeada de ignorancia y de miseria?
La evaluación de los programas que se han introducido en materia de cohesión social y que llevan implícita la más firme decisión de convertirse en políticas de Estado, obliga a la mayor seriedad posible puesto que obedecen a un concepto distinto del Estado –curiosamente, el contenido en la Constitución Política de la República– y que habría de sobrevivir a los cambios de Gobierno –el de un Estado que sea fiel a su razón de ser– la protección del ser humano y la familia y, en consecuencia, volcado a quienes no puedan salir adelante por sí mismos.
De los programas de cohesión social el más importante, de momento, es el de Mi Familia Progresa, un programa que consiste, básicamente, en la transferencia directa de recursos a aquellas familias que –dada su extrema pobreza– parecieran incapaces de salir adelante por sí mismas, escogiéndose a la mujer como cabeza de hogar para entregarle Q300 mensuales, condicionando la continuidad de esa ayuda a que los hijos acudan a la escuela y al centro de salud.
¿Puede hacer la gran diferencia este programa? ¿Puede coadyuvar eficazmente a la protección del ser humano y la familia? ¿A que llegue a producirse un cambio sustancial en las condiciones de vida –educación y salud– de las personas apoyadas y, sustentado en este, en su futuro? Cualquier discusión sobre lo meramente instrumental no debe servir ¡cuidado! para destruir la esencia. No se justifica que en el ataque –o en la defensa– de la ejecución de los programas, se les pueda poner en entredicho.
La realidad en que vivimos, ¿le gusta? Obedece a concepciones distintas del Estado, un Estado indiferente a la miseria –ajeno a los mandatos contenidos en la Constitución de la República– entregado al mal servicio de unos pocos. Las cosas no cambian por que sí. Lo que se está intentando, no se había intentado y vale la pena que se intente ¿no le parece? ¿Qué se puede hacer mejor? Pues, mejórese, pero sin un solo paso atrás en el concepto.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
5 comentarios: