El pasado miércoles 17 ocurrió un acontecimiento que pasó desapercibido para la prensa, los asesores del Presidente de la República, Germán Arnoldo Noriega y Fernando Fuentes Mohr, fueron citados al Congreso por los diputados Otilia Lux de Coti del Movimiento Político Winak y Walter Félix de URNG para que explicaran ante más de 65 dirigentes indígenas la estructura y funcionamiento de la Secretaría de Pueblos Indígenas, que buscó unificar a la Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI), la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo (Codirsa) y el Fondo de Desarrollo Indígena Guatemalteco (Fodigua).
Aunque el tema es amplio y da para analizar una serie de aristas, como: qué tan útil ha sido la creación de institucionalidad para pueblos indígenas en los últimos cuatro Gobiernos y si se han beneficiado las mayorías; desmenuzar la propuesta de la Secretaría de Pueblos Indígenas –que se ha trabajado desde que asumió la presidencia Álvaro Colom–; la falta de una política nacional desde y para los pueblos indígenas; la confusión que fomenta cada Gobierno a lo interno de organizaciones y liderazgos indígenas para controlarlos; el uso que hacen los gobiernos de las carencias indígenas para cooptar cuadros con lo que ganan los partidos en el Gobierno, pero pierden los pueblos que siguen igual o más pobres.
Me centraré brevemente en el evento del pasado miércoles en el que quedó evidenciado cómo el racismo sigue determinando las relaciones de poder entre quienes dirigen el país y los pueblos indígenas, y que se materializó en la actitud de Noriega y Fuentes quienes llegaron con la posición de que ellos sí saben que es lo que necesitan los indígenas y que no. Y lo que ahora necesitan los “pobres indígenas” es unificar la institucionalidad en una Secretaría, que evitaría que se traslapen funciones, reduciría personal, presupuesto y además permitiría la reforma del Estado que prometió el presidente Colom al tomar posesión.
La intervención de las liderezas y líderes fue contundente la Secretaría fortalecería la subordinación y en ella no pueden caber las necesidades del 60 por ciento de la población del país. Aunque el presidente Colom suspendió la creación de la Secretaría Indígena el problema de fondo es que la vanguardia no aprende que la forma en que ellos ejercen el poder lastima a las mayorías indígenas y no se ilustran de que no es incorporando como se resuelven las históricas exclusiones.
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