Las subidas de impuestos parecen estar de moda. Ahora mismo se discute en España este tema. Esta dichosa subida, según la retórica del partido oficial, deja la “presión fiscal… por debajo de la media europea”. Al igual que en nuestro caso, una “reformita tributaria”. Eso sí, según la vicepresidenta segunda del Gobierno español, una reformita “equitativa y solidaria” que sirve para financiar un Presupuesto “realista, riguroso y equitativo, pensando en los más perjudicados por la crisis”. Ese presupuesto, aclara la alta funcionaria, contempla una “subida de salarios a los empleados públicos”, “a cuyos representantes sindicales”, por supuesto, agradeció “su disposición para el diálogo”.
La Ministra de Economía, por su parte, defiende un Presupuesto “austero que contribuye al cambio del… modelo productivo y por tanto, a la recuperación del empleo” y que, sobre todo, “incide en el gasto social, en la protección de aquellas personas que están sufriendo más los efectos de la crisis económica y… comienza un reequilibrio de las cuentas públicas”. El portavoz del grupo parlamentario oficial sostiene que las críticas a la “reformita” “sólo reflejan la falta de interés del PP (Partido Popular) por los servicios sociales que financia el Estado con el dinero de los impuestos”. Pareciera que el oficialismo español y el guatemalteco siguen el mismo libreto. Ni Espada ni Fuentes Knight lo hubieran dicho mejor.
En España también suceden cosas extrañas. Por ejemplo, el inexplicable apoyo de ciertos partidos a la propuesta oficial.
Allá, se logró aprobar “la subida del IVA… gracias al apoyo… del partido regionalista canario, representante de una región donde no se paga IVA”. Más contradictorio no puede ser. Hasta los que no tienen nada que ver con la medida resultan apoyándola. Allá, eso sí, hay que decir que fueron un poco más transparentes. El apoyo de los canarios costará varios millones de euros a los contribuyentes españoles: el partido oficial “agradeció” tan bondadoso gesto asignando más presupuesto a esa región. Acá nunca sabremos cuánto nos va a costar, ni cómo el partido oficial “agradecerá” el apoyo recibido.
De no saberse que todo esto es coincidencia, podría pensarse que reina ahora un nuevo consenso en reemplazo del de Washington. Un verdadero “Consenso de los socialistas del Siglo XXI”. Un consenso que manda a aumentar el tamaño del Estado, el poder de los gobernantes y la fe en el modelo socialista. Un consenso que de consenso no tiene nada, ya que cuando el oficialismo no puede convencer, impone; cuando no puede imponer, compra voluntades, y; cuando no puede comprar voluntades, hace lo que se le da la gana.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
15 comentarios: