Pese a la existencia de un diferendo territorial, predomina una dinámica relación entre las comunidades adyacentes de ambos países
Cada día, a partir de las seis de la mañana, cientos de guatemaltecos cruzan la frontera con Belice y se dirigen a sus lugares de trabajo en el vecino país.
Entre ellos hay carpinteros, electricistas, y trabajadoras de casas particulares, quienes están dispuestos a laborar por menos del salario mínimo beliceño (BZ$3 por hora – cerca de Q12).
Además, es una práctica común entre las familias de la clase media petenera enviar a los hijos a escuelas beliceñas en busca de una educación en idioma inglés, a las cuales pueden acceder pagando una colegiatura de unos BZ$500 (Q2 mil) anuales.
Nicolás Ruiz, alcalde de Benque Viejo, Belice, afirma que más de 100 niños guatemaltecos estudian en su municipio.
Muchos beliceños también cruzan la frontera para acudir al hospital de Melchor de Mencos y hacer sus compras en Petén, ya que el tipo de cambio les favorece.
Debido a este intercambio cotidiano, es raro encontrar a alguien en Benque Viejo y Melchor de Mencos que no tenga una familia mixta.
De hecho, la población beliceña es bastante heterogénea, compuesta por garífunas, creoles (mezcla entre afrodescendientes y británicos) y latinos de origen diverso, como guatemaltecos ladinos y salvadoreños, además de mayas q’eqchi’s.
La familia del salvadoreño José Chacón, quien cursa administración pública en la Universidad de Belice, llegó al país en los años ochenta, huyendo de la guerra civil en El Salvador, pero nunca regresó. Está casado con una guatemalteca y sus hijos tienen la nacionalidad beliceña.
Chacón afirma que en los años ochenta existían tensiones entre afrodescendientes y latinos. “Nos llamaban españoles”, dice. Pero hoy en día “todos nos consideramos beliceños”.
“Las fronteras se empiezan a desdibujar con la cotidianidad de las poblaciones”, afirma el politólogo maya Álvaro Pop, quien agrega que hay q’eqchi’s y garífunas guatemaltecos que se registran en ambos países para gozar de los beneficios de una doble ciudadanía.
En términos generales, afirma Ruiz, ambas poblaciones mantienen una relación cordial, aunque no dejan de existir tensiones que florecen cuando se produce algún incidente transfronterizo.
Mientras que Benque Viejo es un municipio pacífico con bajos índices de delincuencia, la violencia asociada a la narcoactividad es un creciente problema en Melchor de Mencos y que ha permeado la frontera.
Más comunes son las incursiones de campesinos guatemaltecos que se dedican a la recolección del xate –una planta ornamental que se exporta a Estados Unidos y Holanda– a la reserva natural de Chiquibul, en territorio beliceño.
Esos casos suelen resultar en señalamientos por parte de Belice de que las autoridades guatemaltecas no hacen suficientes esfuerzos por resguardar la frontera, y acusaciones por parte de Guatemala de violaciones de derechos humanos contra los ‘xateros’ detenidos por las autoridades beliceñas.
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