Durante toda la semana he oído comentarios que despotrican contra la esposa del Presidente.
Durante toda la semana he oído comentarios que despotrican contra la esposa del Presidente. ¿Es que nadie puede decir algo medianamente positivo de su proyecto de llevar a familias enteras al Puerto de San José durante las vacaciones de Semana Santa? Lo sé, lo sé. Cualquier forma de demagogia y utilización de las masas para intereses políticos es una situación perversa. Sin embargo, propongo un minuto de tregua.
Déjenme contarles una historia. Manuela no va a celebrar la Semana Santa. Aprovecha el feriado para cuidar las casas de familias que se van de la ciudad y gana dinero extra. Su nieto Carlos, de diez años, sí va a ir a la playa y por primera vez verá el mar. Manuela sabe que no saldrán de la pobreza de la noche a la mañana con los proyectos de Mi Familia Progresa pero le hace ilusión pensar en su nieto y los revolcones que le darán las olas. Como una experiencia que trascenderá en sus vidas, Carlos recibe un plato de comida sin que ella tenga que preocuparse por ir al mercado y sortear a los mareros de la esquina. Pero Manuela y Carlos pertenecen a una sociedad de castas muy rígida que marca brechas de todo tipo. Lo de Manuela resulta como una anécdota inútil que se diluye entre una masa informe, sin capacidad de pensamiento propio y vulnerable a las decisiones de los gobiernos.
Desde nuestra posición dominante no nos es difícil separar la vida de Manuela de nuestras vidas de capitalinos privilegiados. Viajar en carro propio, comprar la pelota inflable en la Aguilar Batres, el protector solar en Super 24, dirigirse a un balneario o la casita de fin de semana en Monterrico, es incompatible con levantarse a las cuatro de la mañana para ir a tomar el bus que llevará a Carlos de manera gratuita a San José. Lo nuestro es lo correcto, lo otro populismo. Un equivalente a gentío, chusma, desorden, playas “shucas” y vulgar “reggaetón”. Por el otro lado, el mensaje de los medios escritos y visuales nos respaldan a la hora de escoger qué imágenes son las adecuadas para celebrar la Semana Santa. Todas apuntan a que la devoción religiosa, la cerveza con las chicas lindas y famélicas definen las vacaciones y la normalidad.
Hace muchos años atrás algunos pensábamos en un mundo construido sobre bases distintas que las de la subordinación y la simulación. Ahora cualquier asomo de simpatía popular es tachado de populismo y la sensibilidad social sólo puede ser mediada a través de sponsors. Quienes opinamos y escribimos en los medios de comunicación preferimos irnos por la vertiente gruesa y regodearnos en nuestras voces de autoridad, apoyados con un conocimiento político implacable. Ya no hacemos el esfuerzo del equilibrio, para rescatar lo que merece la pena, es decir, las voces de las personas. De manera triste, resultamos tan populistas como los señalados y se nos va escapando el proyecto humanista.
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