Es normal que un proceso preelectoral adelantado por las circunstancias, como la inseguridad, la corrupción, el terrorismo político, el desempleo y la crisis económica, aliente una catarsis focalizada alrededor de aquellos guatemaltecos que tienen temor por el futuro, así como de quienes se han rendido y por lo tanto aceptan el presente y lo que venga. Por último están los beneficiados por las circunstancias, que asumen la defensa y justificación de la situación. Lo que sorprende es, que independientemente a cuál grupo pertenezcan las personas con las que uno cotidianamente se comunica, todas coinciden en su advertencia de riesgo. Algunos con miedo advierten que el poder controla toda la estructura de seguridad y policial del país, ¡además de contar con el beneplácito de la comunidad internacional!, sostienen. Las mujeres y hombres resignados aconsejan no interferir, ¡no vale la pena! ¿Qué gana usted, acaso le pagan por opinar sobre el Gobierno?, y aceptan con frustración, ¡la doña va ha ganar, cueste lo que cueste! Los complacientes no advierten ni recomiendan, sino actúan a través de la deslegitimación de los críticos gubernamentales, cuestionando su origen étnico, género, creencia religiosa, ubicación ideológica, clase social, actividad profesional. Cuando se agotan estas condicionantes, entonces simplemente amenazan a través de los blogs o bien con frases como “¡oí su nombre por allí! Los más listos de este grupo usan los “señalamientos”; nueva figura jurídica que no causa persecución penal inmediata, pero sí, es suficiente para presumir maldad o calificar de cómplices a quienes se atrevan a comentar el fracaso gubernamental. Bajo esas condicionantes, es un riesgo referirse al incumplimiento de las promesas electorales –seguridad con inteligencia, 700 mil empleos, desarrollo económico, salud preventiva y hospitalaria, educación–, porque hacerlo es para los cuestionados debilitar el Estado de Derecho y la gobernabilidad. Lo descrito, es el marco mínimo para revisar la realidad nacional desde distintas convicciones, pero fundamentalmente es una invitación a superar el temor y el conformismo, a través de la discusión pública de los asuntos nacionales.
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