Están hasta el copete de préstamos para mantener el servicio.
No crean los transportistas que por la Semana Santa y por los múltiples asesinatos de dirigentes sociales, o por el atentado contra Felipe Valenzuela, nos olvidamos de ellos, eso no es posible porque son la gente más sacrificada del país. Durante años han invertido sus centavitos en cómodos buses para que los usuarios viajen sin peligro y en donde todos, especialmente las damas y los ancianos vayan cómodamente sentados. No se puede uno olvidar de quienes mantienen números rojos por invertir y pagar buenos salarios a los pilotos y ayudantes que tienen paciencia de franciscanos con las señoras y señores de la tercera edad, y especialmente con los niños y las señoras del mercado cuando van con su canasto en la cabeza.
Los transportistas tuvieron la mala suerte de nacer e invertir su capital en un país donde el pueblo es mal agradecido, donde las y los usuarios son léperos, le viven sacando a la progenitora a los educados pilotos, ayudantes y propietarios. Quieren que les paren en cualquier lado, y por eso ellos, respondiendo a las exigencias, se paran en medio de la calle, interrumpen el tráfico, pero no dejan tirada a la gente. Por eso se pasan los semáforos en rojo para que nadie llegue tarde a su trabajo y responden al deseo de sus patronos que dicen “antes muertos que llegar tarde” y sin pisto. Las multas no importan porque ellos las pagan cuando tienen la mala suerte de que se las pongan, todo sea por los usuarios. Los pobrecitos transportistas están hasta el copete de préstamos para poder mantener el servicio y a pesar de eso, los periodistas son ingratos, andan diciendo que reciben del Gobierno una bolsa solidaria de Q30 millones al mes y que eso se lo embolsan unos cuantos pelones, además se oponen a que les exoneren de impuestos para traer los buses. Ahora dicen que sólo en 2009, el Gobierno les dio Q617.8 millones, no lo digo yo lo dice elPeriódico del lunes 12 de abril, y se sabe que una diputada y una abogada anda contra ellos en vez de cumplir con la función que le corresponde en el Congreso. Los acusan injustamente de evadir impuestos, de no llevar contabilidad, pero ellos dicen que pagan contador que les llevará 2 o 3 libros.
Durante años los honorables transportistas urbanos se han sacrificado y todavía así quieren que paguen impuestos, eso es injusto. Al paladín de ellos, Luis Gómez, deberían levantarle un monumento, en vez de acusarlo, y el Gobierno y el Congreso, para sacarlos de penas, en vez de darles una donación miserable, deberían de crear la empresa estatal o municipal, apretar al sector económico con impuestos y no sacrificar la salud, la educación y la seguridad.
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