La semana pasada el Woodrow Wilson International Center organizó en Washington el seminario “Crimen común y crimen organizado en América Latina: intersecciones y diferencias”. Los invitados elaboramos documentos base para la discusión, y el caso Guatemala lo enfoqué bajo la tesis de la saturación criminal de espacios y el método de la diferenciación de escalas del delito. En esta nota y la del próximo jueves resumiré ciertos puntos.
Es necesaria la distinción entre delincuencia común y organizada -por la gravedad del delito y las políticas diferenciadas para contrarrestarlas-, pero la saturación criminal de los espacios lleva a que grupos organizados de delincuentes ejerzan el control. Relevar información de terreno permite clasificar las escalas de amenaza que representan esos grupos.
Hay tres escalas del delito. La primera tiene como agentes principales a las pandillas cuyos delitos generalmente son menores (robos callejeros), aunque las prácticas de extorsión hacen escalar a las maras a un nivel intermedio. Quiere decir que el Estado debe poner especial énfasis en políticas diferenciadas respecto de las maras, pues estas abarcan un amplio rango de delincuencia común en veloz tránsito hacia la delincuencia organizada (extorsiones). Las políticas preventivas del delito común se aplican localmente y deben involucrar al municipio.
Las relaciones entre las diferentes escalas de la criminalidad son conflictivas. No puede aseverarse, como regla, que existe una relación de subordinación o complementariedad entre la escala baja (delitos menores), la intermedia (bandas de secuestros, extorsiones) y la escala alta (narcotráfico, trata de personas); salvo cuando hay una relación clientelar (asociada a la adquisición de armas, consumo de drogas o tráfico de personas para explotación sexual comercial).
Lo frecuente es que los tres tipos de delincuencia operen de manera autónoma y muchas veces choquen, sea por su lógica de control territorial (maras y narcotraficantes) o por su necesidad de construir bases de apoyo social como parte de su estrategia de defensa (cárteles de narcotráfico eliminando maras). Empero las fuerzas de Policía actuando como eslabones agregados a las cadenas de delincuentes en las tres escalas pueden eventualmente conectar los circuitos de la delincuencia. Esta circunstancia eleva considerablemente el riesgo de una institución de seguridad ineficaz o corrupta en un 80 por ciento.
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