En febrero de 2009, el nombre de Sindy Alvarado fue incluido en un listado de la CICIG de testigos que debían protegerse.
El 8 de septiembre de 2009 una mujer fue asesinada. Unos individuos, que viajaban en moto, le dispararon y ella quedó muerta frente al timón de su carro. Su nombre: Sindy Jeaneth Alvarado González, de 32 años. Una semana antes, había denunciado a 3 hombres por amenazas, según el expediente 2009-103541 del Ministerio Público (MP).
El oficial de Policía que hizo las primeras anotaciones en la escena del crimen escribió que la denuncia estaba relacionada con una deuda de la mujer con la persona que aparentemente la amenazó. En la historia de la víctima anotó: “Perfil: sin perfil delictivo”; “Solvente: sin antecedentes”; “Tatuajes: no se le observan”.
Hay, no obstante, un detalle en su identificación: el nombre de su pareja, Óscar Ostilio Oliva Acevedo, un hombre recluido en el Sector 11 del Centro Preventivo de la zona 18. El día de su muerte, regresaba de visitarlo.
Después de ocho meses, como una caja que despide olores de historia fermentada, un nuevo dato emerge. El nombre de Sindy figuró en un documento interno de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), una lista de testigos que debían ser protegidos. ¿La causa? Esa es una larga historia.
En una sala de chat este ex convicto aparece con un seudónimo: Lucas. Lucas ha vivido intensamente. Su identidad consta en viejos expedientes judiciales: fue condenado a prisión, cumplió su pena, y luego se marchó: vive en territorio centroamericano.
Lucas estaba en Pavón cuando las autoridades efectuaron la llamada recuperación; una “mini-república” gobernada por homicidas y narcotraficantes. Ese día siete reclusos murieron por oponerse a un operativo, aseguraron las autoridades.
Meses después, los reclusos se constituyeron en testigos que ante la oficina del Procurador de Derechos Humanos narraron otra historia: ejecuciones extrajudiciales, nada de fuego de defensa.
Los siete cuerpos fueron la evidencia silenciosa de la versión: las necropsias relataron que murieron con tiro de gracia, disparos a boca de jarro –el cañón de la pistola pegado a la piel– en órganos vitales e incluso señales de tortura. ¿Qué sucedió? En efecto, lo sostuvo la oficina del Procurador, un grupo paramilitar ingresó y los ejecutó. ¿El motivo? Una investigación jamás emprendida.
“Era uno azul y uno amarillo”. ‘Lucas’ habla de las naves que sobrevolaron la cárcel. A simple vista las autoridades podían dibujar un croquis, pero comprender cómo operaba aquella “mini-república” era otra cosa. ¿Quién iba a decirlo? ¿Quién iba a atreverse a semejante faena? Una mujer: Sindy. Ella iba en el helicóptero, desentrañando desde fuera los misterios de la prisión.
“Estoy dispuesta a declarar en los Tribunales siempre que tenga protección para mi esposo, mi hijo y los cinco hijos de Óscar. Esta protección debería incluir la salida de Guatemala en el momento en que existiera peligro para nuestras vidas”.
Un documento de CICIG filtrado a elPeriódico contiene el testimonio que Sindy proporcionó a los investigadores el 5 de febrero de 2009. La fecha coincide con la de un listado, también de CICIG, con nombres de personas que deben protegerse. Este estuvo a la vista de elPeriódico, pero el único nombre que la Comisión permitió leer fue el de ella.
Óscar, el conviviente de Sindy, estaba en Pavón en 2006. En mayo de ese año tuvo problemas con el Comité de Orden y Disciplina (COD), el órgano de gobierno de la cárcel, integrado por prisioneros.
Los altercados entre Óscar y el COD habían llegado a su límite. Sindy solicitó a María Antonieta Morales, juez de Ejecución, que interviniera. La juzgadora sugirió, según el testimonio de la mujer, que acudiera al Sistema Penitenciario (SP), dirigido entonces por Alejandro Giammattei.
“Me reuní con Giammattei y también estaba el coronel Mario García Fresh, el licenciado Walter Pacsún González (encargado de investigación), el licenciado Ponciano, y el licenciado Carlos de León, que era subdirector del Sistema Penitenciario, y me empezaron a decir que sabían de las violaciones de derechos… y que los ayudara para que los presos pusieran denuncias contra el COD. Me pidió que hiciera grabaciones de conversaciones con presos que hubieran sufrido violaciones de derechos. Estas grabaciones se realizaron y fueron entregadas a Giammattei”, relató Alvarado.
“Una semana antes del 25 de septiembre, García Fresh llamó a Óscar y le dijo que yo fuera con ellos para hacer las últimas tomas para ver si algún detalle se les había escapado. García Fresh me recogió en el Obelisco en un carro del Sistema Penitenciario… a García Fresh lo acompañaba el coronel Luis Linares, que cobraba dinero a los presos por hacer traslados… Íbamos García Fresh, el periodista Carlos Menocal, un fotógrafo, el piloto y yo. Yo iba delante –en el helicóptero- para mostrar cada sitio. Después de esto no hablé más con ellos hasta el 24 de septiembre, que Giammattei llamó a Óscar y le dijo que afuera de Pavón estaba Linares y que me iba a llevar a mi casa para que no me pasara nada. El 25 de septiembre (el día del allanamiento) sobre las 3:00 a.m. García Fresh llama a Óscar y le dice que coloque a la gente donde le habían dicho ya que desde julio a septiembre, tanto García Fresh como Giammattei, llamaban a Óscar como 6 o 7 veces al día. Sobre las 06:00 a.m. Giammattei le dice a Óscar que se coloque en el último bloque de personas. A las 14:00 horas Óscar me llamó del celular de Giammattei y me dijo que estaba bien”. No los vio más.
elPeriódico contactó a Óscar Flores, vocero de Alejandro Giammattei. Su respuesta, a través de una llamada telefónica fue que Giammattei no hablaría más sobre el Caso Pavón.
Quien sí habló fue García Fresh. Contactado por teléfono afirmó que él vio dos veces a Sindy y que “nunca” realizó un viaje con ella. “Yo la conocí porque dijo que era prima del actual ministro de gobernación, Carlos Menocal. Ellos estaban pidiendo un permiso para que él pudiera quedarse desde jueves a domingo adentro de Pavón. Por eso fue la relación”.
Además, rechazó todas las acusaciones. “Yo soy un hombre a quien le gusta hablar con la verdad… todo es mentira… no he hecho nada˝, afirmó.
El relato de la mujer coincide plenamente con la información de la prisión. Ella contó que el día que el COD impuso para cobro de impuestos a los reos era domingo. Un día después las autoridades allanaron la cárcel. ¿En dónde quedó toda esa plata?
“Imaginate… sólo usá la imaginación… jajaja”, teclea Lucas en la ventana del chat.
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