Junto al recién estrenado Fiscal General, ha retornado al poder gente indeseable.
Junto al recién estrenado Fiscal General, ha retornado al poder gente indeseable. Su séquito de seguridad e inteligencia, es decir, su gente de confianza, está encabezado por Carlos Quintanilla, quien por cierto, cuando aún era el Secretario de Seguridad del presidente Colom y lo acompañó a Atlanta, en uno de sus primeros viajes al extranjero como Presidente, no pudo bajarse del avión porque los gringos se lo llevaban al bote.
Quintanilla y sus brazos derechos, los ex-oficiales Osman Contreras, Gustavo Solano y Estuardo Garrido, están a cargo del cuidado del fiscal general, licenciado Conrado Reyes.
El retorno impensable de Quintanilla, a una de las instancias con mayor poder del Estado, sólo puede ser un augurio de tiempos huracanados.
No me quiero imaginar cuántas y qué personas corren el riesgo de morir de hipotermia y golpes, en medio de la nada, en el Tejar, Chimaltenango.
Tampoco entiendo, pues escapa a mi comprensión, cómo es posible que personajes indeseables, perseguidos legalmente, a raíz de causas emprendidas por el propio Presidente de la República, se presenten a la juramentación del Fiscal General, frescos como una lechuga.
Hizo bien, mi amigo, el embajador McFarland, en no estar presente en la investidura del licenciado Reyes, quien para gozar de niveles mínimos de reputación, confianza y credibilidad, debe comenzar por limpiar el estiércol de su casa.
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