Poner una vela en la mesa no es, en Guatemala, un signo de exquisitez y estilo. Poner una vela en la mesa se ha convertido en una necesidad ante la omnipresencia de moscas y zancudos.
Estos insectos voladores no son ya patrimonio exclusivo de ventas callejeras, comedores populares y mercados. Cafeterías de cadena e incluso restaurantes de postín no escapan a la invasión de estos dípteros. En los lugares más eficientes para resguardar a la clientela, se alcanza a escuchar periódicamente el sonido de los insectos electrocutados en lámparas fluorescentes con malla electrificada. Pero el ritmo al que se escucha el pssssst del díptero atrapado resulta preocupante, y se intensifica en esta época de lluvias.
En el plan de acción del Centro de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública se recalca que entre mayo y octubre las enfermedades más recurrentes son la malaria, el dengue y las transmitidas por alimentos. Las primeras implican a los zancudos , en tanto que la última tiene un componente en el que participan las moscas.
En 2009, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud Pública, hubo 11 mil 448 casos de dengue clásico y 16 de hemorrágico. Ese año, el ranking de los departamentos con número de casos fue así: 1. Izabal; 2. Zacapa; 3. Chiquimula y 4. Guatemala. En las estadísticas de víctimas de dengue clásico del año pasado estuvimos mi hijo menor y yo, y eso a pesar del uso frecuente de repelente, candelas de citronela e insecticidas.
Este año fumigamos no sólo la casa, sino también los jardines. Aunque, según lo que publicó ayer Prensa Libre, tal vez sea un gasto inútil porque el mosquito que transporta la enfermedad ha desarrollado nuevas habilidades. La evolución del mosquito Aedes Aegypti, que antes se reproducía exclusivamente en aguas cristalinas, ahora lo hace, como sus primos los Anófeles que difunden la malaria, en aguas sucias. Esto, en un país en el que el 90 por ciento de las fuentes superficiales de agua están contaminadas, nos pone a todos en situación de riesgo. Y lo que es peor: el Aedes Aegypti no es ya sólo de tierra baja, porque ahora prolifera en Huehuetenango.
Los datos divulgados anteayer por el Ministro de Salud son preocupantes: los casos de dengue clásico reportados entre enero y mayo casi se quintuplicaron en relación al mismo período de 2009. Y de ellos, 89 son de la variante más peligrosa, el dengue hemorrágico.
Como no existe vacuna contra el dengue, todos, absolutamente todos podemos ser víctimas de esta enfermedad. Y más en esta época de charcos acumulados en baches, llantas viejas, canaletas que no funcionan, ríos de aguas negras, envases abandonados, basureros no autorizados ni controlados, tan característicos de un país con tanta pobreza y tan poca educación ambiental.
Así que ante la falta de una acción conjunta de la sociedad para sanear el ambiente, sólo nos queda ver el derecho de nuestra nariz, de manera individualista y de acuerdo con lo que nuestros recursos permitan, para poder sobrevivir en este país tan insalubre.
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