Los efectos de “Agatha” llegaron a la zona costera guatemalteca antes de lo previsto.
Beatriz Palma estaciona su pequeño Suzuki Murano gris a la entrada de la colonia El Triunfo en Patulul, Suchitepéquez. Está empapada hasta los huesos. En medio de la tormenta pregunta a quienes abandonan sus casas si los lleva a uno de los cuatro albergues habilitados.
La evacuación es una escena dantesca. Todos abandonan sus casas como pueden, en tractores, en camiones, en tuc-tuc, en patrullas de la Policía o corren con el agua a media pierna con sus hijos en brazos envueltos en plásticos. Unos 200 metros carretera a Pochuta, el río Madre Vieja embistió con toda su fuerza. Aún así hay quienes a escasos metros de la orilla arriesgan su vida por unos miserables pescados.
Ana María Barrientos se apresura en medio de la tempestad a subir su estufa. Una estufa de segunda que su esposo, un jornalero que acaba de volver de la zafra, pagó a cuentagotas. “Ja, ahora ni cinco centavos se encuentran tirados”, exclama. Sus patos y sus pollos, parte de su exiguo patrimonio son acomodados en una pequeña caja de cartón en la cabina del picop. Hasta que la tormenta pase estará en casa de una hermana..
Donald Mazariegos, alcalde de Patulul, acaba de llegar al palacio municipal. Desde la noche anterior monitorea la crecida del Madre Vieja. A las 7:00 de la mañana, cuenta, comenzó a alertar a los vecinos que atendieron el llamado cuatro horas después. Su sistema de emergencia falló, reconoce. Es mediatarde y no logra comunicarse con el gobernador, apenas ha podido enviar una lista de emergencia a la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente (SOSEP) y ni siquiera hay luz. No tiene colchonetas, esponjas, tampoco sabe qué les dará de comer a la mitad de las 700 familias que calcula colmarán los albergues. “Organizamos el Comité de Emergencia, comenzamos 30, pero con el tiempo la gente se fue desentendiendo. Es una zona propensa a inundaciones, pero aún así las instituciones y la gente reacciona muy tarde.
Las colonias Santa Luisa, Providencia y Las Conchitas, esta última situada a cien metros de la orilla del Madre Vieja, son las más afectadas y sólo se cuenta con 12 policías para resguardarlas tras la evacuación. “Nadie llegó. Estamos saliendo como podemos”, cuenta Emilio Pérez, miembro del Cocode de Las Conchitas.
Según Óscar Figueroa, director del Instituto de Geografía Nacional, hasta la tarde de ayer era oficial la crecida de los ríos Ocosito, Achiguate, Coyolate y Madre Vieja, en la zona costera. Será hasta mañana, opina, cuando el clima mejore, que pueda constatarse en el campo el costo de las pérdidas en producción de granos, la carencia y contaminación de las fuentes de agua y los daños en infraestructura. Para entonces, según lel Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, la tormenta Agatha estará completamente instalada en el país. “Es una situación caótica y compleja”, agrega Figueroa.
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