Una fábrica de uniformes, que operaba desde una casa de tres niveles, se fue al fondo en donde se cree se cruzan dos colectores. La vecindad fue evacuada.
El vacío se siente nomás acercarse. El agujero profundo aspira amenazante: como si quisiera tragarse a cualquiera que ose acercarse. Soldados y policías acordonaron el área con la cinta amarilla que dice: “Escena de crimen”.
Una escena de crimen que aún no cuenta con los cuerpos de quienes murieron en el incidente. Un hombre relató cómo caminaba junto con su hermano hacia esa esquina letal, cuando escuchó el estruendo y su hermano desapareció de la faz de la calle.
Y los vecinos que se agrupan en las inmediaciones cuentan historias: que vieron un taxi que pasaba cuando la tierra se abrió y se lo tragó con todo y pasajeros; otro hombre busca sin respuesta a su vecino Roberto Velásquez. “A lo mejor venía caminando cuando …” Carlos del Águila no concluye la frase. Sus ojos se quedan clavados en el suelo.
Hasta ayer, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) no registraba muertos acá en Ciudad Nueva, donde en plena tormenta, la tierra se abrió. La mañana de lunes varias esquinas a la redonda del hundimiento amanecieron con menajes dispuestos para la mudanza. Una mesita de noche, una colchoneta, una televisión. Sucedía todo esto ante las miradas turbadas de lugareños que se preguntan, ¿cómo es posible que la tierra se abra y se trague una casa de tres pisos como si nada?
El de Ciudad Nueva es un agujero negro y profundo. David Monterroso Juárez, coordinador de proyectos de Conred, es el geofísico que con un GPR –un radar de penetración del subsuelo– fue destinado para evaluar qué existe bajo esta manzana.
No necesita mucho recorrido para especular que los motivos de este hundimiento pueden ser los mismos que los del barrio San Antonio. “Es que geométricamente es incluso igual”, dice, “puede ser una intersección de colectores por acá”. Es una hipótesis.
En febrero de 2007 la tierra se abrió exactamente de la misma manera en el barrio San Antonio, zona 6. Una casa y tres habitantes se fueron directos a las entrañas de la ciudad. La causa, se determinó, fue justamente una intersección de colectores, las venas subterráneas donde corren las aguas servidas de esta capital.
Son como los intestinos: un sistema de tuberías que divide a la ciudad en dos: Norte y Sur. Una vía desemboca en los ríos Las Vacas y Motagua ; la otra, en lago Amatitlán.
El geofísico de Conred calcula que el diámetro de este agujero mide unos 20 metros. La profundidad, la estima en cerca de 30 metros. Aunque Augusto López Rincón no es geofísico, sus cálculos son exactamente los mismos: “hubo un desvío de colectores recientemente y acá no estábamos preparados para combinar esa desviación aunada al paso de transporte pesado. El suelo retumba”, explica López Rincón, presidente de la asociación de vecinos de Ciudad Nueva. Y también este lugareño cita el barrio San Antonio como triste recuerdo. Está apenas a 1.5 kilómetros estiman los vecinos.
Hace tres años debió ser declarado Estado de Calamidad en la zona 6: Q10 millones fueron asignados para dar respuesta al desastre.
Carla Maldonado, una joven vecina de Ciudad Nueva, cuyo diario en línea es citado por varios vecinos como una referencia de información, subió ayer a la web un mapa sugerente: es un imagine que muestra que ese agujero de la zona 6 está justamente en línea recta, como una cadena tensa, con el nuevo hundimiento en la zona 2. La infografía la calza una pregunta intimidante: “¿Quién más seguirá en esta cadena de desgracias?”
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