Usted esta presenciando la destrucción desmedida.
Con profunda indignación escribo al presidente de Guatemala, Álvaro Colom, luego de conocer que no ordenará la suspensión de los trabajos de operación de la Mina Marlin I, en San Marcos, como lo solicita la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Presidente, que los ministros de Medio Ambiente, Energía y Minas y Salud concluyan en que “no” hay contaminación en la mina Marlin I, no es novedoso para los pueblos a los que se les quiere imponer el yugo de la mina. ¿Cuándo en este país los ministros han respondido a los intereses y urgencias de los pueblos indígenas? Nunca. Los ministros son empleados que cuidan los intereses de la elite y de las rapaces empresas trasnacionales.
Que los ministros se basen en informes técnicos y científicos, tampoco es nuevo en países pobres –véase lo publicado en Bolivia, Ecuador u Honduras– los estudios y evaluaciones que realizan a estas empresas son ejecutados por instituciones, consultoras o técnicos afines que ganan millones –en pagos directos, indirectos, donaciones a universidades o becas– para cubrirle “científicamente” la espalda a estas compañías. A ellos no les importa la vida de las comunidades, menos la animal o vegetal, por eso, concluyen que no existe contaminación.
Presidente, la de sus ministros no es una postura extraña, pero de usted indigna porque se dice un socialdemócrata y además ajq’ijab’. O usted tendrá que regresar a leer los textos sobre esta ideología política o yo tendré que quemar mis libros, que señalan que la socialdemocracia protege el medio ambiente.
Presidente, en nuestros países la minería no ha sacado de la pobreza a los pobres, el ejemplo brutal e inhumano es Bolivia, en donde como documentó Jun Nash, los mineros se comen a la mina y la mina se los come a ellos. Estoy convencida que ni usted ni los consultores, funcionarios o columnistas que defienden –desde sus espacios de privilegio– a la minería estarían dispuestos a ir o enviar a sus hijos a trabajar en la extracción de metales, por lo tanto, su postura es inmoral.
Señor Presidente, usted está presenciando la feroz destrucción de la desmedida explotación de los recursos naturales, que los países ricos han ejercido en los países pobres, y que ha provocado el calentamiento global. Por eso, no como Presidente, pero sí como ajq’ijab’, sabe que uno de los principios es no destruir la Pachamama y sino está dispuesto a cumplir, entonces, usted no merece y no puede tener una vara.
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