Los condenados suelen ser aquellas personas que se adelantan a su tiempo
Giordano Bruno es uno de mis héroes favoritos. No hablo de esos muñecos de plástico ridículos que andan disfrazados con capas y antifaces y saltan de cómic en cómic o de película en película. Héroes de verdad; seres humanos que se anticiparon a su tiempo, percibieron la realidad de una manera diferente y defendieron sus ideas, aun cuando ello les significara la muerte.
La vida de Bruno fue, en primer lugar, corta. Pero aventurada. Nació en 1565 y falleció prematuramente en 1600; es decir que cuando la Santa Inquisición se hizo cargo de mandarlo a quemar vivo, apenas tenía treinta y cinco años, tiempo más que suficiente para haber estudiando la filosofía aristotélica y el tomismo, entre muchas otras formas de ideología.
El tomismo no es más que el pensamiento de Tomás de Aquino, quien, en la que probablemente sea la más conocida de sus obras, la Summa Theologiae, propone cinco vías para llegar al conocimiento de Dios. No puede decirse, por lo tanto, que Giordano Bruno fuese ateo. La verdad, dividió su tiempo humano en el estudio de la filosofía, la religión, la astronomía y la poesía.
Bruno fue autor, entre muchos otros escritos, de un libro llamado Los furores heroicos, donde describe el camino hacia Dios por medio de la sabiduría. Para entonces tenía veinte años.
Como era un apasionado del saber recorrió infinitos caminos, entre ellos la cosmología, la física, el arte de la memoria, incluso se interesó en la magia. No estaban muy lejos los tiempos en que Paracelso y sus colegas andaban buscando la piedra filosofal o asegurando que los ratones nacían de los trapos sucios. La ciencia comenzaba a desprenderse lentamente de las supersticiones, y el paso de lo sobrenatural a lo demostrable era muy inseguro aún.
Ciertamente, les fue mejor a los científicos del norte de Europa, pero en aquellos países del sur del continente, donde el catolicismo imperaba, había que regirse por la escolástica, el sistema que trató, durante el Medioevo, conciliar la fe y la razón y que fue a desembocar, sin empacho, en el principio de autoridad: Magister dixit, con lo cual no quedaba espacio para la razón.
Bruno escribió sobre la pluralidad de los mundos, el heliocentrismo, la infinitud del espacio y el Universo, cuestiones que en la Europa católica en aquellas épocas, eran consideradas herejías. Tuvo que huir de de Italia y pasar varios años en Suiza, Francia, Inglaterra y otros países que se me escapan.
Hacia 1591 fue llamado por un noble veneciano para que regresara a impartir una cátedra particular, y el mismo noble, artero y traidor lo entregó a la Inquisición, que según yo, no era demasiado santa. Pasó ocho años en la cárcel y de allí salió únicamente al Campo dei Fiori, en Roma, para ser quemado vivo.
En la Guatemala que me ha tocado vivir, y gracias a los hallazgos científicos, a la gente ya no se la quema viva por pensar de manera diferente –aunque la bestialidad vigente nos podría llevar la contraria en este punto. Ahora hay armas de fuego letales, que en cuestión de segundos acaban con el condenado a muerte. Los condenados suelen ser aquellas personas que se adelantan a su tiempo y proponen cambios sociales. En este país habitualmente la inteligencia emigra, y nos quedamos algunos de aquellos imbuidos del concepto de una democracia que alcance a todos los guatemaltecos.
Y cuando digo todos, son todos, incluidos los indígenas que viven en los parajes más alejados del país, con hambre, vestidos de harapos, cundidos de enfermedades, pero que no por ello dejan de levantarse antes que el sol, caminar lo que tengan que caminar hasta llegar al mínimo terreno al que le arrancan hasta con las uñas el magro alimento para ellos y sus familias.
Pensar en un Estado fuerte, capaz de darle atención a los problemas humanos, es una herejía en Guatemala. Guatemala, donde la santa inquisición, es decir, la oligarquía, ha desmantelado al Estado, reduciéndolo, vendiendo sus empresas y recursos más productivos. Exigiendo servicios que no pueden otorgarse porque las bolsas de los ricos sólo se abren para recibir, pero nunca para pagar lo que deberían. Digo Fuentes Mohr y Fuentes Knight y todos entienden.
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